sábado, 12 de noviembre de 2011

SEGOVIA SALVAJE: LOS MONTES DE VALSAÍN

Después de visitar la ciudad y sus magníficos monumentos como el Acueducto y el Alcázar, Zuriñe y yo decidimos acercarnos a San Ildefonso desde donde partiríamos hacia los conocidos montes de Valsaín.

El conocidísimo y magnífico Acueducto de Segovia.
Ya en la ciudad pudimos disfrutar de la naturaleza. En el acueducto escuchamos los chasquidos de los murciélagos por la noche y los graznantes bandos de chovas piquirrojas por el día, siendo estos últimos especialmente grandes en la catedral de Segovia, alcanzando los 70 u 80 ejemplares.

La Catedral de Segovia.
En los parques y muros las grajillas (Corvus monedula) nos deleitaron con sus llamadas y su bello plumaje, siendo especialmente buenos los avistamientos en las paredes de la ribera del río Eresma, donde también eran acompañados por palomas bravías salvajes (Columba livia).

El río Eresma.
2 grajillas (Corvus monedula) en un chopo.
Grajilla (Corvus monedula).
Palomas bravías (Columba livia) que compartían sitio con las grajillas.
Paloma bravía (Columba livia).
Era impresionante el número de rapaces que se podían observar en plena urbe: desde águilas calzadas y milanos reales, hasta buitre leonados y negros; todo un regalo para la vista.

Aguililla calzada (Hieraaetus pennatus).
Ya en San Ildefonso, fuimos a visitar el Embalse del Pontón Alto. Valsaín lo visitaríamos al día siguiente.

Preciosa vista del Embalse del Pontón Alto.
Nada más llegar, vimos un cormorán grande pescando en las aguas del embalse, pero un pequeño pato lo acompañaba. Se trataba de un macho de ánade rabudo (Anas acuta) en eclipse, que nadaba tranquilamente.
Un buen grupo de ánades reales (Anas platyhrynchos) se mostraban confiados, acercándose a menos de 2 metros de los pescadores que, caña en mano, se apostaban en las orillas.

2 machos de ánade real (Anas platyrhynchos) fotografiados en Txoriherri.
Sin duda, el pájaro más abundante de lugar (y yo creo que de todos los lugares que visitamos) era el papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca). Lo pudimos ver aquí y allá, siempre oteando en busca de insectos. También cerca de un papamoscas gris (Muscicapa striata) que nos permitió ver la notoria diferencia en el comportamiento de ambos muscicápidos, pues el gris tras un ataque regresa al mismo posadero y el cerrojillo, en cambio, cambia de lugar.

Papamoscas cerrojillo (Muscicapa striata).
Carboneros comunes, petirrojos, herrerillos comunes, verdecillos, jilgueros y collalbas grises conforman el resto de paseriformes avistadas en la zona.

Petirrojo (Erithacus rubecula).
Continuamos con la ruta mientras los buitres leonados sobrevolaban el embalse a gran altura y a lo lejos, un alcaudón meridional (Lanius meridionalis) que, encima de un arbusto, vigilaba el entorno dispuesto a abalanzarse sobre alguna presa potencial.

Foto testimonial de alcaudón meridional (Lanius meridionalis).
A cada paso, un nuevo ser pedía ser fotografiado. Los líquenes eran diversos y en una misma roca era posible ver hasta 8 especies. Uno de ellos era especialmente bonito, de un verde brillante que ensombrecía los colores del resto de líquenes, una especie del género Rhizocarpon. Umbilicaria sp., Xanthoria calcicola, Lasallia pustulata y Aspicilia sp. eran algunas de las especies o géneros observadas.

Rhizocarpon sp.
Ramalina capitata.
Una mariposa Hipparchia alcyone volaba a nuestro alrededor. ¡Qué preciosidad!

Hipparchia alcyone sobre musgo del género Orthotrichum.
Llevábamos un buen rato andando y necesitábamos refrescarnos. Nos acercamos a las aguas del embalse y metimos los pies en él, causando un pequeño revuelo entre los cuantiosos percasoles (Lepomis gibbosus) que lo invadían.
Son peces preciosos, pero no deja de darme pena la presencia de estas especies introducidas que le quitan el sitio a nuestros peces autóctonos.

Percasol (Lepomis gibbosus).
Caminando un poco más al borde de la masa de agua, vimos un solitario pino silvestre con su característica corteza.

Corteza de pino silvestre (Pinus sylvestris).
En el aire, un águila calzada planeaba en círculos. De repente, la rapaz comenzó a planear con las alas arqueadas hacia atrás, a gran velocidad y dirigiéndose hacia donde nos encontrábamos pasando muy cerca de nuestras cabezas. Alucinante.

Águila calzada (Hieraaetus pennatus).
Águila calzada.
El regreso no nos depararía excesivos avistamientos, salvo varios verdecillos y los omnipresentes papamoscas cerrojillos.

El cielo de San Ildefonso.
Ya en la habitación del hotel en San Ildefonso, dormí pensando en las aves que podría observar en Valsaín. El águila imperial (Aquila adalberti) no paraba de rondar en mi cabeza.

Madrugada en San Ildefonso.
A la mañana siguiente, me asomé a la ventana mientras la luz solar brillaba en los tejados de las casas. Encima de éstos, chovas piquirrojas y estorninos negros imprimían una peculiar melodía al alba. Había llegado el gran día. ¿Qué especies y paisajes me depararía Valsaín?
Nos pusimos en marcha rápido para llegar a tiempo a la parada de autobús, que nos llevaría al pueblo de Valsaín desde donde iniciaríamos nuestro periplo.
Una vez en el pueblo observamos el contraste entre las sierras repletas de pinos y los valles bañados por arbustos y gramíneas.

Vistas cerca del inicio de la ruta desde el pueblo de Valsaín.
Junto a exhuberantes bosques de Quercus pyrenaica aparecían campos como éste, en los que pude observar distintos alaúdidos.
En los tejados de las casas, los gorriones comunes y molineros revoloteaban junto a los estorninos negros y pintos.

Gorriones comunes (Passer domesticus).
Estorninos negros (Sturnus unicolor).
Estorninos pintos (Sturnus vulgaris).
Las tórtolas turcas y las grajillas compartían los cables y postes eléctricos, llenando el ambiente de sus sonidos.

Tórtola turca (Streptopelia decaocto).
Grajilla (Corvus monedula).
Grajilla (Corvus monedula).
Un gran bando de golondrinas comunes se alimentaba a baja altura junto a un establo a la par que nosotros ascendíamos hacia los montes.
 Los arbustos de las rosas silvestres (Rosa canina) comenzaban a aparecer a los lados. Los rebollos (Quercus pyrenaica) se hacían más abundantes a cada paso mientras los buitres leonados y negros compartían el cielo.

Corteza de Roble melojo (Quercus pyrenaica).
Buitre negro (Aegypius monachus).
Algún cuervo acompañaba con sus duros graznidos el paisaje que se extendía ante nosotros, cada vez con más pinos silvestres abriéndose paso en el rebollar. Una alondra totovía (Lullula arborea) se alimentaba junto a la pista, acompañada de algún intrépido trepador azul. El número de estos últimos era enorme. Nunca había oído tantos en un mismo lugar, cada pocos minutos aparecía uno y así durante toda la jornada.

Trepador azul (Sitta europaea) entre líquenes de la especie Evernia prunastri.
Milanos reales y aguilillas calzadas bailaban en el azul celeste, aunque no todo era tranquilidad. Una calzada de fase clara se atrevió a atacar a un enorme buitre negro que cometió la osadía de internarse en el territorio de la pequeña rapaz.

Milano real (Milvus milvus).
Águila calzada persiguiendo a buitre negro.
Cuando las coníferas dominaban ya el monte, un cuervo nos sorprendió por su cercanía. Estaba a escasos 5 metros quitándole la corteza a un pino (si alguien sabe a que se debe este comportamiento le agradecería que me informase acerca de ello) y yo aproveché para realizarle varias instantáneas.

Cuervo (Corvus corax).
Cuervo (Corvus corax).
El señor de los córvidos no era el único de la familia presente en el pinar. Arrendajos, cornejas negras y urracas volaban por encima de los pinos, en ocasiones persiguiendo a los milanos reales que se dejaban ver con frecuencia.

Milano real (Milvus milvus).
Unos minutos más tarde pudimos ver muérdago (Viscum album) parasitando a un puñado de pinos. Nunca había visto a esta planta semiparásita en coníferas y me sorprendió, pues los pinos no deben dejar mucha luz solar para que pueda realizar la fotosíntesis, ya que en otoño no pierden sus acículas. El zorzal charlo (Turdus viscivorus), es la especie comedora de muérdago por excelencia y si nos fijamos en el nombre científico podemos deducir que "viscivorus" viene a decir comedor de muérdago. Se alimenta de sus bayas que, pese a ser tóxicas, su sistema digestivo le permite consumirlas.
 Los trepadores azules continuaban reclamando a nuestro paso. A veces junto a reyezuelos listados (Regulus ignicapillus), mitos (Aegithalos caudatus) y carboneros garrapinos (Parus ater). Las aves nunca dejaron de acompañarnos.

Trepador azul buscando alimento entre los líquenes.
Trepador azul (Sitta europaea).
Carbonero garrapinos (Parus ater).
Nos detuvimos para almorzar en una roca a la vera del pinar. Mis oídos continuaron trabajando captando los sonidos de herrerillos capuchinos (Parus cristatus) y agateadores comunes (Certhia brachydactyla).

Agateador común (Certhia brachydactyla).
Terminados ya los bocadillos, continuamos con paso firme nuestra marcha.
Un gavilán (Accipiter nisus) surgió de la espesura. Era una hembra que con sus ojos dorados todo lo observaba. Voló alto, pero a la suficiente distancia como para verlo bien.
 
Hembra de gavilán (Accipiter nisus).
Los ratoneros dejaban ver su plumaje marrón con relativa frecuencia. Tratando de observar uno de éstos algo enorme surgió detrás. Era un rapaz gigante. Y cuando se hubo acercado lo suficiente, su temible pico y el blanco borde alar anterior no dejó lugar a dudas. Era un águila imperial (Aquila adalberti).

Busardo ratonero (Buteo buteo).
Águila imperial adulta (Aquila adalberti).
En cuanto apareció este primer ejemplar, comenzaron a aparecer 2, 3 y hasta 4 imperiales durante el itinerario.

Águila imperial ibérica.
Incluso un adulto se cruzó de un lado a otro de la pista a unos 10 metros. IM-PRE-SIO-NAN-TE. Si al cercano avistamiento le añadimos el temible reclamo que surgía de su garganta, la experiencia puede definirse como inolvidable. No pensé que las águilas eran vocales fuera de la época de cría, pero sin duda las imperiales de Valsaín lo son.

Águila imperial juvenil (Aquila adalberti).
Olvidándonos por un momento del cielo y fijándonos en la foresta, observamos en 2 ocasiones a los reyezuelos sencillos (Regulus regulus), bastante más escasos que los listados. Preciosos y diminutos, de hecho, las aves más pequeñas de Europa.
Sólo nos faltaba por ver a los verderones serranos (Serinus citrinella). No andarían muy lejos, pero no íbamos a tener suerte con este hermoso fringílido.

Fotografía de un macho de verderón serrano (Serinus citrinella) realizada por Zuriñe en Soria.
El regreso deparó buenos avistamientos, pero sólo los bandos de alondras (Alauda arvensis), totovías (Lullula arborea) y collalbas grises (Oenanthe oenanthe) son dignos de mención. Aún así, fue un día redondo con multitud de especies orníticas y algunas emblemáticas como el águila imperial.

Alondra totovía (Lullula arborea).

 Valsaín, maravilloso.

Pinar de Valsaín.

PUBLICADO POR: ENDIKA ARCONES OTERO

6 comentarios:

  1. Vaya entrada más completa, vaya cantidad de especies, vaya día más aprovechado!! Imperial, gavilán, calzada, trepador ... ¡Que suerte! Además acompañada de buenas fotos. Saludos!!
    http://avesyestrellas.blogspot.com

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  2. Inesquecível entrada!!! Fiquei encantada com esse passeio! Tantas espécies de aves, bosque bonito... natureza belíssima!!!! Tantos detalhes...
    Parabéns pela reportagem! Eu fiquei maravilhada.
    Felicidades.
    Um beijo carinhoso.

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  3. Hola amigos. Magnífica entrada sobre esta bella ciudad. Por cierto en unos meses voy a ir a conocerla, espero realizar un reportaje como el tuyo. Un abrazo desde Doña Mencía

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  4. ¡¡Muchas gracias por los comentarios!! La verdad es que fue un viaje inolvidable. Tanto Valsaín como Segovia ciudad me maravillaron.

    Saludos.

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  5. Precioso viaje, lleno de sitios bonitos y especies muy interesantes (Imperial,buitre negro,etc...)
    Lo dela percasol no lo sabia y muy curioso lo del Charlo en latin.....
    Saludos camperos!

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  6. Muy bonito y entretenido reportage fotografico,os felicito amigos,saludos Jon/Endika

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