Mostrando entradas con la etiqueta Alcaudón común. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alcaudón común. Mostrar todas las entradas

domingo, 20 de octubre de 2013

PAJAREO EXPRÉS POR EL SUR DE SEGOVIA

El sábado 20 de julio realicé una visita de un día (hasta el domingo por la mañana) a un pequeño pueblo situado al sur de Segovia. Concretamente, a los pies de la Sierra de Guadarrama, dentro del recién declarado Parque Nacional.

Paisaje del valle, dominado por la majestuosa Sierra de Guadarrama.
Se trata de un extenso valle donde prevalece el campo abierto, cuya superficie se encuentra cubierta de herbáceas y arbustos en mayor o menor densidad. Los árboles se hacen comunes a medida que nos acercamos a la sierra, siendo el Pino silvestre Pinus sylvestris y el Roble melojo Quercus pyrenaica los más abundantes.
La sierra, a la que no pude subir por escasez de tiempo, alberga una riqueza faunística maravillosa. Pero el valle no se queda corto. Sin salir del pequeño terreno de la casa en la que estuve, pude ver multitud de especies.
Los primeros fueron los gorriones chillones Petronia petronia que se encontraban enfrascados en la ceba de sus pollos.

Gorrión chillón Petronia petronia con ceba en el pico.
Gorrión chillón / Rock sparrow.
Gorrión chillón / Harkaitz-txolarrea.
El incesante reclamo de estos últimos me permitió dar con el nido, situado en un agujero en la pared de la casa. Esta especie de gorrión me acompañaría a lo largo de casi toda la travesía.

El nido se encontraba situado en un hueco entre las tejas de color rojo que podéis ver en la imagen.

Una de las crías ya crecidas en el interior del nido.
Poco después, escuché el canto de la oropéndola Oriolus oriolus y el reclamo del mosquitero papialbo Phylloscopus bonelli, del cual me llevé alguna que otra foto.

Mosquitero papialbo Phylloscopus bonelli.

Los mirlos comunes Turdus merula se dejaban ver magníficamente.
En uno de los robles melojos de nuestro pequeño terreno, escuché al pico menor Dendrocopos minor mientras fotografiaba una curruca zarcera Sylvia communis y a los ruiseñores comunes Luscinia megarhynchos que parecía que habían criado en la finca de al lado, ya que no paraba de escuchar sus estridentes reclamos.

Curruca zarcera Sylvia communis.

Ruiseñor común Luscinia megarhynchos.
Una vez fuera del terreno, un milano negro Milvus migrans me sobrevoló planeando y reclamando. La primera vez solo, pero la segunda apareció persiguiendo a un abejero europeo Pernis apivorus para expulsarle de sus dominios de forma agresiva.

Milano negro Milvus migrans.

Milano negro Milvus migrans persiguiendo a un abejero europeo Pernis apivorus.
Al poco, otra rapaz sobrevoló el cielo segoviano, la más grande de toda Europa, el buitre negro Aegypius monachus.

Buitre negro Aegypius monachus.
Cada vez que salía del camino para investigar, las cogujadas comunes Galerida cristata y los bisbitas campestres Anthus campestris huían a mi paso, pues se encontraban ocultos detrás de los arbustos o entre la alta hierba confiando hasta el último momento en su camuflaje.

Cogujada común Galerida cristata.
Entre rocas asomaban las collalbas grises Oenanthe oenanthe. 

Macho de collalba gris Oenanthe oenanthe.

Collalba gris macho / Northern wheatear male.
Acostumbrado a verlas en cumbres rocosas, disfruté largo rato de ellas en un hábitat tan distinto al típico en Bizkaia. Eran abundantes, aunque más lo eran los alcaudones.

Alcaudón común macho Lanius senator.
Pude ver las 3 especies a lo largo de un tramo de unos 4 kilómetros. El alcaudón real Lanius meridionalis y el común L. senator habitaban zonas similares, áreas abiertas con arbustos dispersos en una densidad variable.

Desde el cable se lanzaba a por saltamontes, aunque sólo le vi tener éxito una vez.
Sin embargo, el dorsirrojo L. collurio frecuentaba la parte más próxima del valle a la sierra, casi en el límite entre el valle de rala vegetación y el pinar de pino silvestre que se extiende ladera arriba.

Hembra de alcaudón dorsirrojo Lanius collurio.
Un auténtico lujo observar machos, hembras, jóvenes, cebas, cacerías, etc. de este grupo de depredadores alados en miniatura.

Ejemplar joven de Alcaudón común Lanius senator.

Macho de Alcaudón común / Woodchat shrike male.

Macho de alcaudón común / Artzandobi kaskagorri arra.
Han pasado más de 2 meses de aquel viaje y todavía tengo grabados en la retina numerosos encuentros, no sólo con los citados alcaudones, sino con los comunes escribanos soteños Emberiza cirlus o las golondrinas daúricas Cecropis daurica.

Escribano soteño macho Emberiza cirlus cantano.
Los primeros posaron bien, sobre todo una cría y su padre.

Escribano soteño, cría y progenitor.
El macho se encontraba tranquilamente cantando hasta que su cría se acercó a quebrar su momento de relax. Y es que ser padre no deja ni un momento de respiro.

Escribano soteño / Cirl bunting.
En cuanto a las daúricas, no conseguí ni una sola imagen en vuelo, pese a las numerosas ocasiones en las que pasaron por encima. A cambio, una pareja posó en un cable lo suficientemente cercano, brindándome la oportunidad de inmortalizarlas en una única ocasión.

Golondrinas daúricas Cecropis daurica.
Finalmente, ya al abrigo de las tinieblas, permanecí en silencio embargado por los cantos de autillos Otus scops y chotacabras grises Caprimulgus europaeus, la luz de las luciérnagas Lampyris noctiluca y la belleza de la luna llena, despidiéndome de una estupenda jornada de pajareo.

Luna llena en el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama.

¡Hasta la próxima entrada!




jueves, 6 de octubre de 2011

DE PAJAREO EN LAS CAÑAS I

Los primeros viñedos ya se vislumbraban a través de la ventana del bus. A mi lado, un emocionado Jon que, al igual que yo, tenía el presentimiento de que viviríamos 2 días maravillosos en los llanos navarro-riojanos.
Previamente, tuvimos que bajarnos en Logroño para seguir rumbo a Viana a bordo de un autobús regional, y en ello nos encontrábamos.
Esta zona de la península nos pareció especialmente interesante porque el paisaje es totalmente contrario al que estamos acostumbrados en el Cantábrico. Viñedos, olivares, enormes campos de siega y escasos árboles, tan sólo abundantes alrededor de masas de agua como ríos y embalses.

Los maravillosos olivos (Olea europaea) son muy abundantes en la zona.
Ya en pleno Viana, pueblo de peregrinos e importantes monumentos históricos, nos dirigimos hacia el lugar donde nos tocaría pernoctar durante 2 noches, la Ermita de Cuevas que debía encontrarse a medio camino entre el Embalse de Las Cañas y Viana.
No sería difícil hallarla, sobre todo porque forma parte de un tramo del Camino de Santiago, con lo cual sólo teníamos que seguir a los numerosos peregrinos que por allí se aventuraban.
Así lo hicimos y en poco más de 20 minutos nos encontrábamos en la citada Ermita.
Por el camino, dimos con multitud de pardillos (Carduelis cannabina) y jilgueros (Carduelis carduelis). También eran abundantes las grandes palomas torcaces (Columba palumbus) a las que veíamos volando con bastante frecuencia.
 
Hembra de pardillo común (Carduelis cannabina).
Los majuelos (Crataegus monogyna) adornaban cada rincón con los rojos frutos que portaban, aunque uno de estos majuelos portaba algo más que frutos: un joven alcaudón común (Lanius senator) que permanecía inmóvil a pesar de tenernos a 1 metro de distancia. Puede parecer exagerado, pero alargando el brazo podíamos tocarlo, literalmente. Era precioso, y las fotos que logré realizarle son las mejores que he sacado hasta ahora. Siempre le tendré cariño a este pequeño alcaudón.

Alcaudón común joven (Lanius senator).
Woodchat shrike juvenile.
La cercanía era asombrosa, digna de un jovenzuelo que aún no ha aprendido a temer al hombre.
Nos mantuvimos a una distancia prudencial, medio ocultos, esperando a que apareciera el padre o la madre, pero tal vez este alcaudón ya se valía por si mismo y nos fuimos sin ver a los adultos.

Nuestro querido alcaudón, ahora algo más lejos.
Unos metros más adelante nos topamos con un viñedo de buen tamaño. Sabíamos que era común ver a las perdices rojas (Alectoris rufa) corretear entre las vides, así que probamos suerte, pero no conseguimos dar con ellas. En su lugar observamos unas cuantas cogujadas comunes (Galerida cristata) alimentarse junto a un nutrido bando de gorriones comunes (Passer domesticus).

En los viñedos era necesario fijarse bien para intentar sorprender a las bonitas perdices.
Ya estábamos llegando a nuestro destino. Sabíamos que había algunas construcciones y un arroyo cerca de la Ermita, y las estábamos viendo. Una urraca graznaba encima de una de esas construcciones, dándonos la bienvenida a la que iba a ser nuestra morada durante 2 noches.

Urraca (Pica pica).
El sitio nos gustó, una fresca arboleda llena de moreras (Morus alba) y el introducido árbol del cielo (Ailanthus altissima), una fuente y un buen césped en el que plantar nuestra tienda. Además, un interesante bosquete de pino carrasco (Pinus halepensis) que guardaba la Ermita en su cara Oeste.

Árbol del cielo (Ailanthus altissima).
Tras nuestra pequeña inspección de la zona decidimos seguir caminado hasta Las Cañas, que se encontraba a un cuarto de hora aproximadamente.
La ruta comienza junto al observatorio del Bordón, buen lugar para informarse de cuales son los mejores puntos para avistar determinadas especies.
El principio del itinerario no presagiaba nada bueno. No se oían apenas cantos (tan solo los reclamos de los locuaces gorriones), y los campos aledaños no tenían nada que ver con los que me encontré cuando vine en Junio del año anterior. Numerosas flores y gramíneas que crecían altas y coloridas, pero esta vez sólo quedaban sus segados tallos.

Fotos de Junio del año anterior.
Aspecto de uno de los prados tras la siega.
Después de sobrepasar el primer cuarto de la ruta descubrimos una charca en la que pudimos ver 3 ranas comunes (Pelophylax perezi), concretamente 2 hembras y un macho a los que pude fotografiar a placer.
Un gran bando de cerca de 25 jilgueros no paraba de revolotear en las estribaciones.

Hembra de rana común (Pelophylax perezi).
Allí donde hubiera carrizos, buitrones y carriceros dejaban oír sus reclamos, aunque verles era otro cantar.

Carricero común (Acrocephalus scirpaceus).
No sólo en los carrizos (Phragmites australis) se oían a los buitrones, también en hábitats como el de la foto.
Las omnipresentes palomas torcaces sobrevolaban una y otra vez los bosquetes que rodean el embalse.
Continuamos con el itinerario y en el cielo divisamos una rapaz. Su claro plumaje nos permitió reconocerlo a distancia, un bellísimo macho de abejero europeo (Pernis apivorus) que decidió volar cerca de nosotros.
Esta especie es un interesante ejemplo de especialización. Su alimentación se basa en gran parte en larvas y pupas de himenóptero, principalmente de avispas, avispones y abejorros. Para defenderse de las picaduras a desarrollado una gran densidad de plumas en las patas y duras escamas que le protegen cuando las utiliza para cavar, consiguiendo de esta forma, extraer con el pico el alimento. Su cabeza alargada, uno de los rasgos diferenciadores del similar ratonero común (Buteo buteo), sirve para introducirla cómodamente en las colmenas.
Me encantaría verlo corretear por el suelo cual gallina, vigilando y persiguiendo a las avispas para llegar así, a los preciados panales. Seguro que es todo un espectáculo.

Macho de abejero europeo (Pernis apivorus).
European honey-buzzard male.
Por fin pudimos observar la laguna. Descubrimos decenas de porrones europeos (Aythya ferina), 140 fochas comunes (Fulica atra), unos pocos somormujos (Podiceps cristatus) y zampullines comunes (Tachybaptus ruficollis) con sus crías; algunas garzas reales, garcillas bueyeras y garcetas comunes y la pareja de aguiluchos laguneros (Circus aeruginosus) que planeaba por encima de su territorio custodiándolo ante cualquier intruso. En el centro de interpretación nos comentaron como curiosidad, que esta pareja logró expulsar a tan formidables enemigos como el águila real (Aquila chrysaetos) y el halcón peregrino (Falco peregrinus).

Focha común (Fulica atra).
Hembra de aguilucho lagunero occidental (Circus aeruginosus) fotografíado en Arteaga (Urdaibai).
Somormujo lavanco (Podiceps cristatus).
Cría y adulto de somormujo lavanco (Podiceps cristatus).
Estuvimos todo el día en Las Cañas, hasta la misma noche. Durante la larga jornada descubrimos un buen número de especies entre las que destacan 9 patos colorados (Netta rufina) y 11 tarros canelos (Tadorna ferruginea) que se convirtieron en las estrellas del día.
Los abejarucos (Merops apiaster) y los aviones zapadores (Riparia riparia) sobrevolaban a ras del agua para cazar insectos, realizando espectaculares acrobacias.

2 abejarucos comunes (Merops apiaster).
Admirando las maravillosas escenas que se representaban en el embalse comenzó a atardecer. Decidimos dar una pequeña vuelta para localizar paseriformes antes de que oscureciese demasiado, pero no tuvimos el éxito que esperábamos. Collalbas grises, cogujadas comunes y en los chopos (Populus nigra), ruiseñores bastardos y un reclamo que pensamos podría pertenecer al pájaro moscón, aunque no lo podemos garantizar dada nuestra inexperiencia con la especie.
Vigilé insistentemente el tamarizal con la idea de localizar al críalo europeo (Clamator glandarius) que el año anterior pude ver posado en un taray. Aunque en el Bordón nos dijeron que tanto éste, como el cuco (ambos parientes) se veían mejor en los bosquetes de ciprés común (Cupressus sempervirens).

Críalo europeo (Clamator glandarius).
Ni rastro del triguero, ni de las garzas imperiales. Pero al menos disfrutaríamos de un increíble espectáculo. Con el sol tratando de esconderse en el horizonte y el cielo tornándose rojizo, nos sentamos cómodamente en la hierba a la espera de que sucediera algo, aunque no imaginábamos lo que nos aguardaba.

Somormujo lavanco (Podiceps cristatus).
Atardecer en Las Cañas.
De repente, decenas de aves iniciaron un intercambio que duraría hasta la noche, del Ebro al embalse y del embalse al Ebro. Decenas de garcetas, porrones, ánades, garcillas bueyeras y las garzas reclamando en las alturas convertidas ya en negras siluetas por el poder del crepúsculo. Comenzaba el viaje a los dormideros. Un bando de 80 abejarucos captó nuestro interés. Ruidoso y colorido como un arcoíris, se dirigía a la arboleda donde debía pasar la noche. Nos mantuvimos atónitos hasta que la escasa luz ya no permitía más observaciones. En ese instante, nos levantamos e iniciamos la búsqueda del alcaraván (Burhinus oedicnemus) y del mochuelo (Athene noctua), pues queríamos oírles en la oscuridad.
Nos acercamos a la zona Este del embalse, embriagados por la penumbra que se abalanzaba sobre nosotros, voraz e insaciable. Nos dirigíamos hacia los viñedos y los extensos campos de siega presentes en esta parte de Las Cañas con la intención de escuchar, principalmente, a nuestro primer objetivo, el alcaraván.
Algo que me sorprendió enormemente fue salir a campo abierto y observar que las únicas luces son las de Viana, Logroño y la luna llena, el resto negro.

Viana vista desde el embalse.
Al alcanzar la parte del sendero que pasa entre el embalse y los prados de siega escuchamos al alcaraván. Al principio de forma tenue, pero poco después lo oímos volando muy cerca de nuestra posición. Emitía un reclamo similar al canto, lo que nos facilitó la identificación.
Disfrutamos mucho con este primer encuentro, pero aún faltaba nuestro segundo objetivo, el duende. Anduvimos hacia el observatorio, el cual teníamos cerca, mas al pasar por un bosquete de ciprés común (no con el porte piramidal que algunos estamos acostumbrados a ver en cementerios y alineaciones, si no con un porte horizontal, semejante a un pino), escuchamos varios sonidos. A pesar de no haber oído nunca esos reclamos, llegamos a la conclusión de que eran 3 mochuelos, 2 crías y un adulto. Era curioso ver como en el momento en que nos acercamos a sus crías, trató de despistarnos saliendo fuera del bosquete y reclamando en campo abierto.
Evidentemente, les dejamos en paz, pues no es aconsejable excederse en situaciones así, ni propio de 2 amantes de la naturaleza como nosotros.
Ya junto a la Ermita volvimos a escuchar a esta especie, pero no fue posible verla. En cambio, si fue posible descansar plácidamente para estar preparados para lo que nos esperaba al día siguiente.

Continuará en " DE PAJAREO EN LAS CAÑAS ( II ) "

Endika

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...