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domingo, 17 de noviembre de 2013

ANILLANDO EN URDAIBAI: PETIRROJO Y HERRERILLO COMÚN

Como el tema de salir al campo está prácticamente imposible por las continuas lluvias, no me queda otra que entretenerme escribiendo entradas atrasadas. Sin embargo, la que hoy nos ocupa no viene con tanto retraso, pues el mismo día del anillamiento del rascón europeo también se anillaron petirrojos y un herrerillo común.

Empezaré a explicar brevemente el datado del petirrojo, por ser más sencillo. Los ejemplares juveniles, es decir, aquellos que aún no han realizado una muda postjuvenil, no representan ninguna dificultad en su identificación, sobre todo, si estamos acostumbrados a verlos en nuestras excursiones pajareras. Su plumaje marrón moteado de ocre es muy distintivo.

Petirrojo europeo Erithacus rubecula.
Los ejemplares de 1 CY (otoño) y 2 CY (primavera) tampoco revisten excesiva complejidad, puesto que el patrón a seguir para su datado es similar al de otros miembros de la familia Turdidae: fijarnos en el contraste entre las coberteras grandes juveniles (no mudadas) con puntas claras y las CG mudadas carentes de las mismas.

lunes, 8 de abril de 2013

LA PRIMAVERA LLEGA A ERANDIO

La primavera llega, pero no es la meteorología la encargada de darme la noticia, sino el movimiento de mis queridos pajarillos.

Mito Aegithalos caudatus.
El día permaneció gris durante toda la mañana. Aún así, las aves estaban inquietas y alegres, la mayoría en parejas, y es que ya se sabe que la primavera la sangre altera.
Los primeros enamorados en aparecer, fueron dos cornejas negras Corvus corone que defendían su territorio árduamente frente a un busardo ratonero Buteo buteo. Las cornejas son raras aquí, aunque parece que esta pareja se está planteando criar en el lugar.
Petirrojos Erithacus rubecula, chochines Troglodytes troglodytes y ruiseñores bastardos Cettia cetti cantaban por cada rincón mientras una pareja de herrerillos comunes Cyanistes caeruleus se alimentaba en las falsas acacias Robinia pseudoacacia.

Herrerillo común Cyanistes caeruleus buscando larvas.

Herrerillo común Cyanistes caeruleus.
En los sauces cenicientos Salix atrocinerea los mosquiteros ibéricos Phylloscopus ibericus saciaban su hambre revoloteando en las inflorescencias. Ya en el interior del bosque, los zorzales comunes Turdus philomelos ponían la nota musical acompañados de todo un hervidero de reclamos y cantos.
Las lilas flores de la escila Scilla sp. cubrían el bosque y junto a las orillas del pequeño arroyo, las flores de las violetas Viola sp. añadian color entre el verde de los Carex pendula y Equisetum telmateia.
Semiescondido largo rato, conseguí fotografiar a una pareja de reyezuelos listados Regulus ignicapillus y de mitos Aegithalos caudatus, que me brindaron unas observaciones de lujo para dos especies a las que guardo gran cariño.

Posaron muy cerca, al principio una pareja, pero posteriormente se les unieron varios ejemplares más.

Reyezuelo listado Regulus ignicapillus.
Aún recuerdo la primera vez que vi en este rincón a estas dos paseriformes. Todavía no era consciente de que pájaros tan bonitos podrían vivir en el terreno de mi padre, por lo que la sorpresa fue mayúscula.

Mito Aegithalos caudatus.

Reyezuelo listado Regulus ignicapillus.

Reyezuelo listado Regulus ignicapillus.
Pese a que ahora estoy muy acostumbrado a verlos, me sigo emocionando como al principio.

Son preciosos cuando alzan ligeramente la anaranjada cresta.

En esta imagen parece haberme descubierto en mi escondite entre arbustos y troncos.
Tras las observaciones de un agateador común Certhia brachydactyla y varios carboneros comunes Parus major decidí salir del bosque hacia la pradera.

Agateador común Certhia brachydactyla.
En ella me llevé una gran alegría, pues volví a ver una especie que hacía 3 años que no pasaba por aquí: el colirrojo real Phoenicurus phoenicurus. Además, un precioso macho.

Hermoso macho de colirrojo real Phoenicurus phoenicurus encima de un arce campestre Acer campestre.
El vuelo de una paloma torcaz Columba palumbus desvió mi atención y posteriormente clavé el ocular del telescopio en una argoma Ulex sp. en la que compartían espacio una curruca capirotada macho Sylvia atricapilla y un zorzal común.
El colirrojo tizón Phoenicurus ochruros cantaba en lo alto de un árbol y el jilguero Carduelis carduelis encima de una arbusto.

Macho de colirrojo tizón Phoenicurus ochruros.

Jilguero Carduelis carduelis.
Verdecillos Serinus serinus y verderones comunes Carduelis chloris también se dejaban el aliento en pos de la reproducción, pero estos últimos no me permitieron fotografiarlos decentemente.
Por último, a orillas de la Ría de Asúa, pude observar ánades reales Anas platyrhynchos, una garza real Ardea cinerea y un cormorán grande Phalacrocorax carbo. La peor de las noticias la protagonizaron los pájaros carpinteros, pues ni los pico picapinos Dendrocopos major ni los picos menores Dendrocopos minor dieron señales de su presencia. Ojalá vuelvan a criar otro año más...

¡Hasta la próxima entrada!

jueves, 12 de enero de 2012

UN DÍA CUALQUIERA EN TXORIHERRI

Como ya conté en uno de los primeros post del blog, suelo visitar una pequeña zona situada en un extremo de Txoriherri. A pesar de ser un lugar muy humanizado y cercano a Bilbao, conserva una avifauna rica y propia tanto de bosques como de prados.

Busardo ratonero (Buteo buteo) cerniéndose. Una de las especies más habituales de la zona.
El domingo regresé a este territorio con el fin de ir observando la evolución de las especies que han decidido quedarse a invernar en los alrededores. Hace 3 semanas, me llevé una grata sorpresa al avistar 4 escribanos palustres que desgraciadamente se encontraban comiendo en un camino asfaltado entre escombros y pampas (Cortaderia selloana). También ascendían a los plumeros de estas últimas a alimentarse de sus semillas. El año pasado invernó uno de estos emberízidos, al que pude ver de forma regular hasta marzo.

Escribano palustre (Emberiza schoeniclus) el pasado invierno.
A las 9:30 de la mañana ya me encontraba partiendo para realizar el itinerario habitual. Primero un pequeño vistazo a los prados del terreno de mi padre, rodeados por sauces cenizos y zarzas, en los que solo observo un par de lavanderas blancas y a los abundantes petirrojos reclamando.

Lavandera blanca (Motacilla alba).
Una mirada al cielo y la primera sorpresa: un joven milano real. Aunque en invierno la población de esta rapaz aumenta considerablemente en Vizcaya, no es muy habitual verla por esta zona. Tal vez sea la prueba inequívoca de que está extendiéndose y recuperando su antigüo territorio.

Milano real (Milvus milvus) joven.
Dejando a un lado el milano me dirijo al bosque mixto que se extiende a lo largo de una ladera. Para ello debo atravesar primero otro prado en el que nuevamente no veo nada, aunque un bando de 21 zorzales comunes pasa volando a muy poca distancia.

Parte del bando de zorzales comunes (Turdus philomelos).
Escucho una insistente urraca y alguna lavandera más. No parece un buen día para pajarear, aunque el sol comienza a asomarse timidamente entre las nubes. Continuo caminando entre los robles, abedules, acebos, encinas, castaños, avellanos y sauces que conforman el arbolado del bosquete, y escucho a los primeros carboneros.

Carbonero común (Parus major) anillado, pero es imposible distinguir ningún código.
Acto seguido comienzo a oír los reclamos de un bando de mitos que se apostan en un abedul a fin de alimentarse de sus semillas. Cuento 7 ejemplares que van pasando de uno en uno, de un abedul a otro.

Mito (Aegithalos caudatus).
Mito (Aegithalos caudatus).
Dos verderones comunes se mueven en el linde del bosque, mientras los ruiseñores bastardos cantan ocultos en la espesura.

Verderón común (Carduelis chloris).
Un par de agateadores ascienden por los troncos de los robles más altos. Ahora sigo el arroyo que atraviesa el bosque para llegar al lodazal donde vierte sus aguas. En invierno, este terreno repleto de barro, agua, sauces, equisetos (Equisetum telmateia) y el arbusto Dorycnium rectum, suele albergar simultaneamente a dos especies que me gustan especialmente: la becada (Scolopax rusticola) y el rascón europeo (Rallus aquaticus). Es por ello por lo que me interno en él en su busca, aunque no hubo suerte.
Escucho un arrendajo y salgo del lodazal a duras penas, peleándome con las pampas que invaden el prado aledaño. Ha sido en este mismo prado donde en Agosto de este año observé a dos chotacabras grises salir volando de un rincón, en el cual hallé para mi sorpresa, un huevo estropeado y algo de plumón. Una pena que no llegasen a criar, pero el intento ya es todo un notición.

Huevo de chotacabras gris (Caprimulgus europaeus).
Una vez me libro de las cortaderias, salgo a una pequeña zona abierta salpicada de argoma (Ulex europaeus), zarzamora, senecio y árboles de reciente plantación como Arces campestres. Consigo ver el primer bisbita común y los primeros jilgueros empiezan a volar por encima de mí.

Jilgueros (Carduelis carduelis).
Cruzo la carretera y camino por la acera, junto a la ría de Asúa. No parece que haya nada, tan solo un par de mirlos que huyen ante mi presencia. Posteriormente, atravieso un puente y camino junto a una alineación de cipreses de los que sale una tórtola turca que acaba deteniéndose en una farola.

Tórtola turca (Streptopelia decaocto).
Llego a una pradera ajardinada con unos pocos arces plateados en los que veo un par de lavanderas blancas y a la hembra de colirrojo tizón que frecuenta el lugar.

Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) hembra.
También los bisbitas se alimentan en el césped.

Bisbita común (Anthus pratensis).
Avanzó un poco más y junto al camino, en una zona encharcada rodeada de carrizos, levanto 3 cercetas comunes, una lavandera cascadeña y un andarríos chico, que vuelan lejos, aunque las pequeñas anátidas se esconden en un arroyo que se encuentra a unos 10 metros de mi posición, que nace en la propia ría.
Allí me acerco, no con la idea de levantar nuevamente a las cercetas, sino para tratar de observar al martín pescador macho que suele elegir las rocas del arroyo como unos de sus posaderos favoritos. Me asomo desde el camino y no está, pero consigo fotografíar a las cercetas con sumo cuidado, tratando de evitar asustarlas. El macho no se fía, y decido continuar con mi camino.

Cercetas comunes (Anas crecca). De izquierda a derecha: joven, hembra y macho adultos.
Giro a la derecha, avanzando junto al arroyo. Los carrizos me tapan la visión, aunque no es el arroyo lo que me importa. Intento avistar alguno de los mosquiteros que frecuentan la vegetación palustre o, con algo más de suerte, al escribano. Pero nada. Aún así, un zorzal común sale volando a escasos metros de mí.
Doy media vuelta y prosigo con el itinerario. Junto a mí, un bosquete de acacias y sauces blancos en los que escucho mitos, carboneros, herrerillos y un ruiseñor bastardo.

Herrerillo común (Parus caeruleus).
Antes de continuar, decido levantar la vista y en el cielo aparecen 3 cornejas negras que vuelan rápidas en dirección Sur.
Dejo el bosquete y avanzo por el camino que bordea la ría de Asúa. Atento a los sonidos que de ella provienen (ya que la vista me la tapan diferentes árboles ornamentales) consigo escuchar al martín pescador. Una lástima no poder verlo. Sin embargo, un acentor común se cruza en mi camino.

Acentor común (Prunella modularis).
Unos pasos más adelante y empiezo a ver al nutrido bando de gorriones comunes que frecuentan un edificio abandonado, que les sirve de protección y de lugar de cría.

Gorrión común (Passer domesticus) hembra.
Me dispongo a cruzar un puente y observando desde el mismo observo un inmaduro de cormorán grande y una gaviota reidora descansando.
Mi próxima meta es una pequeña pradera que se encuentra junto a la ría, rodeada por sauces cenizos y zarzas. La hierba es muy alta, lo que permitió el año pasado pasar un par de días a varias codornices que hicieron un alto en el camino en su migración hacia tierras africanas. Justo en la entrada, un par de robles y un buitrón a escasos metros de mí me dan la bienvenida.

Buitrón (Cisticola juncidis).
Doy una pequeña vuelta por el terreno y, además de observar al buitrón en diversas ocasiones, diviso una pareja de tarabillas comunes y un puñado de hongos, que resultaron ser Macrolepiota procera, verdaderamente hermosos.

Tarabilla común (Saxicola torquata) hembra.
Tras fotografíarlos, me marcho del lugar contento por los avistamientos, aunque parece que cada año menos aves acuden aquí a críar o invernar. Ojalá no continúe esa tendencia.

PUBLICADO POR: ENDIKA ARCONES OTERO

jueves, 4 de agosto de 2011

GIBAJA 2011 I

En un pueblo repleto de aviones Delichon urbicum, vencejos Apus apus, y golondrinas Hirundo rustica, bañado por la sombra que le proporcionan los innumerables riscos que lo rodean, deslumbrado en la noche por las brillantes estrellas que se muestran relucientes y abundantes sin la molesta contaminación lumínica y aderezado por las incesantes melodías de la naturaleza, Jon y yo nos disponemos a explorar este pequeño rincón de Cantabria: Gibaja.

Roquedos y collados observados desde el encinar.

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