domingo, 13 de octubre de 2013

CORMORÁN GRANDE DÁNDOSE UN FESTÍN A BASE DE ANGUILA

Había visto en multitud de ocasiones en otros blogs imágenes de cormoranes grandes con presas de enorme tamaño. Tanto, que les llevaba un buen rato engullirlo.
Pues esta vez me tocó a mi observar una de estas luchas entre cazador y presa. Los protagonistas, un cormorán grande Phalacrocorax carbo y una anguila Anguilla anguilla el pasado jueves en el entorno de El Abra .

Cormorán grande Phalacrocorax carbo peleando con una gran anguila Anguilla anguilla.
Estuve siguiendo al habilidoso pescador largo rato, siendo varios los errados intentos, pero justo cuando más cerca se encontraba de mi emergió con una gran anguila en el pico.

En esta imagen se aprecia mejor el tamaño de la presa.
A pesar de los esfuerzos del extraño pez de zafarse de su captor, sus probabilidades de sobrevivir eran escasas, casi nulas. Una vez en el pico del cormorán, su vida llegaría a su fin pese a sus desesperadas sacudidas.

La escurridiza anguila no tenía escapatoria.
Aún así, al cormorán le quedaba un último escollo. La presa era enorme y su ingestión requeriría de ciertas dosis de sufrimiento por parte del cuervo marino.
Primero, lo golpeó contra el agua varias veces para que permaneciera quieto en el momento de tragarlo. Resultaría muy molesto tener en la garganta a semejante bicho moviéndose nervioso.
Una vez logrado el primer paso, como todos los animales que se alimentan de peces, tocaba comenzar con la ingestión a partir de la cabeza (en el sentido de las escamas para evitar posibles rasponazos internos con ellas).

Cormorán grande engullendo una anguila.
Inmendiatamente, el cuello del cormorán engrosó, aunque todavía no había terminado el trabajo ya que la presa aún asomaba la cola.

Aunque no se percibe bien, el extremo de la cola todavía sobresalía del pico.
Finalmente, tras largo rato de espera y de sacudir la cabeza de un lado a otro para que la víctima pasara, lo consiguió y se alejó del lugar en un corto vuelo.

¡Al fin!
Además, a parte de las especies habituales de la zona en esta época, pude ver un macho de ánade friso.

¡Hasta la próxima entrada!

lunes, 7 de octubre de 2013

VUELTA A LA RUTINA EN PLENA MIGRACIÓN

Ha habido un parón de más de 2 meses en este blog, pero he vuelto con más fuerza que nunca para seguir compartiendo experiencias con vosotros.
Ayer acudí a mi "local patch", en una jornada envuelta por algún que otro chaparrón, y debe ser que debido al tiempo algunas aves que se encontraban migrando se vieron obligadas a parar en esta pequeña área que visito con frecuencia.
Sedimentaron multitud de especies, siendo los mosquiteros comunes Phylloscopus collybita una de las aves más abundantes de las observadas ayer.

Mosquitero común Phylloscopus collybita posado en un abedul Betula alba.
La cantidad de petirrojos Erithacus rubecula era también ingente, habiendo observado o escuchado 27 ejemplares en un territorio bastante pequeño.
Una vez próximo a la Ría de Asúa, la cantidad de especies aumentó. En primer lugar me sorprendió un bando de 22 garcetas comunes Egretta garzetta y 2 garcillas bueyeras Bubulcus ibis. Estas últimas inéditas en la zona hasta el momento.

Garcetas comunes Egretta garzetta y garcillas bueyera Bubulcus ibis.
Pude escuchar el característico reclamo trisílabo del bisbita pratense Anthus pratensis en diferentes ocasiones, además de observar 3 garzas reales Ardea cinerea, 1 hembra de collalba gris Oenanthe oenanthe (especie no observada en mi área de campeo desde 2010), 1 carricero común Acrocephalus scirpaceus y 1 papamoscas cerrojillo Ficedula hypoleuca.

Imagen de una collalba gris Oenanthe oenanthe tomada en la migración postnupcial de 2010 en mi "local patch".

Carricero común Acrocephalus scirpaceus.
Ya al final del recorrido, cuando la lluvia arreciaba obligándome a guardar mi Olympus, la primera lavandera cascadeña Motacilla cinerea del año se posó en unas rocas de un pequeño arroyo que vierte sus aguas a la ría, regalándome una bonita observación.
Uno de los pocos momentos en los que pude haber sacado alguna toma, fue mientras esperaba bajo un puente a que las precipitaciones cesarán. Las hierbas me ocultaban en cierta medida, pues un martín pescador Alcedo atthis (quien sabe si mi querido martín de todos los años) se colocó a escasa distancia sin inmutarse. El problema fue que tenía los prismáticos en la mano y no la camará. Lo observé durante un minuto hasta que intente coger la réflex y, entonces, huyó.

Esta fotografía fue tomada posteriormente al avistamiento cercano descrito arriba. Una pena ver a este precioso martín pescador Alcedo atthis posado en una de las innumerables e invasoras Cortaderia selloana.
Los andarríos chicos Actitis hypoleucos también se asustaron, y volaron 2 de los que no me había percatado de su presencia.
Las gaviotas reidoras Chroicocephalus ridibundus volaban a lo largo de la ría y fue mientras observaba una de estas gaviotas cuando mis ojos fueron a parar a un enorme bando de 61 espátulas Platalea leucorodia que surcaban los cielos a relativa baja altura en dirección a la vega de Lamiako. Estoy convencido de que se dirigieron allí para reponer fuerzas, pues tan sólo se encuentra a poco más de 3 km de distancia.

Bando de espátulas Platalea leucorodia.
Una jornada verdaderamente entretenida, aunque me quedé con ganas de ver a los escribanos palustres. Poco falta para que lleguen...

¡Un saludo!


martes, 23 de julio de 2013

LA BELLEZA DISCRETA DEL PAPAMOSCAS GRIS Y OTROS HABITANTES DE MI "LOCAL PATCH"

Ya dije en una entrada anterior que pese a ser un ave poco llamativa y de plumaje discreto, el papamoscas gris Muscicapa striata suscita en mí una gran atracción. Al margen de su interesante comportamiento cazador, bastante activo y sencillo de ver, hay algo en su fisionomía que hace que me fije en él durante más tiempo que en otras especies más coloridas.

Papamoscas gris Muscicapa striata fotografiada mediante digiscoping.
Precisamente, el viernes día 5 un ejemplar adulto permaneció largo rato a disposición de mi equipo óptico, posado casi siempre en la misma rama de un abedul Betula alba. Gracias a ello, lo observé con todo lujo de detalles a través del telescopio y pude realizar alguna toma con digiscoping.


Las fotografías realizadas con la cámara réflex no son demasiado buenas debido a que con la escasa luz reinante en el interior del bosque mixto tuve que tirar de flash, puesto que incluso a niveles bajos de ISO el ruido en las fotos resulta excesivo.

Papamoscas gris / Spotted flycatcher.
Aquel fin de semana también disfruté de otras observaciones de interés. Los jóvenes reyezuelos listados Regulus ignicapillus fueron uno de los protagonistas, destacando por su menor timidez y su poco desarrollada corona anaranjada.
Otros pollos comos los de petirrojo Erithacus rubecula, me permitieron observar con gran detalle su mimético plumaje marrón, muy adecuado para pasar inadvertido frente a los depredadores.

Joven petirrojo europeo Erithacus rubecula.
Petirrojo europeo / Txantxangorri.
Petirrojo europeo / European robin.
Entre musgo me topé con un cráneo de rata común Rattus norvegicus, seguramente presa de algún busardo ratonero que se hizo con ella. Rapaz que pude observar durante el fin de semana, al igual que a los cernícalos vulgares Falco tinnunculus y aguillillas calzadas Hieraaetus pennatus.

Cráneo de rata común o parda Rattus norvegicus.
Cernícalo vulgar Falco tinnunculus.
Aún así, en el caso del buteónido, lo descubrí con algo entre las garras. En principio pensé en un lución Anguis fragilis, pero por la extrema rigidez tal vez podría tratarse de una rama para arreglar un poco el nido.

Busardo ratonero Buteo buteo.
La distancia hace complicada la identificación del ser u objeto que porta en las garras, al menos para mí.
Un ilustre visitante de este año es la hembra de chorlitejo chico Charadrius dubius, la cual grabé a la distancia suficiente como para identificar el sexo.


Otra especie que vuelve a ser reproductora en uno de los arroyos que va a parar al pequeño tramo de ría que suelo visitar es el ánade real Anas platyrhynchos, especie común pero que el año anterior parece que no llegó a sacar adelante ningún pollo en lo que considero los dominios de mi "local patch".

Cría de ánade azulón o real con su madre. En las rocas de la parte superior izquierda podéis ver una especie de tortuga invasora, el galápago de orejas amarillas Trachemys scripta scripta.
Otros protagonistas de aquellas dos jornadas:

Vencejo común Apus apus.
Mariposa pavo real Inachis io.
Rana común Rana perezi.
¡Hasta la próxima entrada!





lunes, 8 de julio de 2013

CERNÍCALO JUVENIL EN LA COSTA VIZCAÍNA

Mi intención era la de digiscopear a los zorros de la madriguera costera, pero ya se habían ido. Tal vez, debido a la creciente visita de gente por la benigna meteorología de los últimos días, la madre haya decidido cambiar de escondite a las crías.
En su lugar, pude disfrutar con las evoluciones de la pareja de cernícalos vulgares Falco tinnunculus y su cría que ya volaba bastante bien, pero seguía siendo alimentada por sus progenitores.

Cernícalo vulgar Falco tinnunculus.
A los padres no los pillé bien, ya que la luz era escasa y no paraban de volar, una mala combinación para fotografiar con niveles ISO altos en mi cámara. Aún así, la cría posó de lujo al borde del acantilado, pudiéndome llevar a casa numerosas fotos realizadas tanto con digiscoping como con réflex.

Cernícalo vulgar juvenil / Common kestrel juvenile.
Cernícalo vulgar juvenil / Belatz gorri gaztea.

Se mantuvo en el mismo posadero largo rato, por lo que disfruté de todos sus detalles.
Además, mientras observaba al cernícalo con mi Kowa tuve un encuentro interesante con un roedor que cruzo a pocos metros de mi posición entre un camino entre brezos Erica vagans. A pesar de la cercanía, el avistamiento fue malo y demasiado rápido. Sólo distinguí su tamaño y su color marrón, y ambos me hicieron pensar que se trataba de un ratón de campo Apodemus sylvaticus.


Llegué con el objetivo de volver a ver a la familia de zorros y me marché con imágenes de otros protagonistas en mi retina y en mi cámara. Y es que la naturaleza siempre tiene un plan B preparado para nosotros por sí fallamos en nuestro principal objetivo.

Cernícalo vulgar Falco tinnunculus.
Las fotos con la réflex son más lejanas, pero gozan de mayor calidad que las de digiscoping.

Cernícalo vulgar juvenil.

¡Hasta la próxima entrada!

jueves, 4 de julio de 2013

ASCENSO VERANIEGO AL TXARLAZO

Aún no era verano, pero poco faltaba, y el pasado día 12 decidí ascender junto a un amigo al monte Txarlazo. Es el recorrido que suelo hacer habitualmente cuando acudo a Orduña y aquel día no iba a ser menos.
La temperatura era totalmente veraniega, de ahí el título, un calor nada conveniente para realizar una ruta exigente como esa.
Como siempre en estas fechas, los reclamos que abundaban en el quejigal eran los de mosquiteros ibéricos Phylloscopus ibericus y petirrojos Erithacus rubecula, aunque también se podían escuchar mirlos Turdus merula y cucos Cuculus canorus. Los avistamientos eran escasos hasta que los reyezuelos listados Regulus ignicapillus me dieron la opción de fotografiarlos varias veces.

Últimamente he aprendido a fotografiar mejor a estos inquietos pajarillos forestales.

Reyezuelo listado Regulus ignicapillus.
Su preciosa cresta anaranjada se erguía debido a su excitación, preguntándose qué es lo que estaba haciendo ese humano que lo miraba tan fijamente.

Reyezuelo listado Regulus ignicapillus observándome fijamente.

Reyezuelo listado Regulus ignicapillus sobre un quejigo Quercus faginea.

Reyezuelo listado Regulus ignicapillus cantando.
Un grupo de mitos reclamaban cerca y, en el cielo, los buitres leonados Gyps fulvus y un busardo ratonero Buteo buteo cicleaban aprovechando las corrientes térmicas.

Buitre leonado Gyps fulvus planeando.

Busardo ratonero Buteo buteo.
El reclamo del halcón peregrino Falco peregrinus resonaba en el bosque, cercano al roquedo de donde provenía dicho sonido. Podría ser un ejemplar juvenil en el nido, quizás ejercitando sus alas a punto de dar su primer vuelo. Lo que es seguro es que no era un halcón en vuelo, ya que reclamaba siempre desde el mismo punto.
Sin telescopio y sin visibilidad para otear el cortado rocoso en busca del nido, continué con el ascenso. Varios minutos más tarde, cuando las hayas Fagus sylvatica ya abundaban a mi alrededor, me detuve a fotografiar una curiosa planta.

Pinguicula grandiflora. En las hojas podéis ver los insectos que han quedado atrapados, dípteros en su gran mayoría.
Con flores moradas la Pinguicula grandiflora parece una planta común. Pero no lo es. Se trata de una planta carnívora, aunque no tan espectacular como las droseras Drosera sp. autóctonas o atrapamoscas Dionaea sp. de las selvas tropicales.

Flores de Pinguicula grandiflora.
Aún así, al igual que las mencionadas plantas, se nutre de insectos que tengan la mala suerte de quedar adheridos a sus hojas cubiertas por una sustancia pringosa para digerirlos gracias a las secreciones enzimáticas que segregan para tal fin. De esta forma, consiguen un aporte extra de nitrógeno, el cual escasea en las zonas donde crecen.

Pinguicula grandiflora.
Otra de mis plantas preferidas es la Saxifraga hirsuta, presente en la fuente de montaña donde sacié mi sed.

Quebrantapiedras Saxifraga hirsuta.
Ya en la sierra, los buitres leonados planeaban más próximos y los bandos de chovas piquirrojas Pyrrhocorax pyrrhocorax eran frecuentes.

Buitre leonado Gyps fulvus.
La blanca caliza dibujada por líquenes como el precioso Caloplaca aurantia bañaba el entorno mientras los inconfundibles trinos de los bisbitas arbóreos Anthus trivialis resonaban a nuestro alrededor.

Caloplaca aurantia acompañado por otros líquenes.

Bisbita arbóreo Anthus trivialis.
Hay que tener mucha suerte para poder fotografiar o incluso observar algunos de los más conspicuos inquilinos del hayedo, pero a pesar de ello, atrapado por la magia de uno de los bosques más característicos del País Vasco, nos introdujimos en él.

Hayedo de Sierra Salvada.
Camachuelos Pyrrhula pyrrhula y zorzales charlos Turdus viscivorus resonaban entre los majestuosos árboles. Tiempo después, volvimos a salir a campo abierto topándonos nuevamente con los enormes buitres leonados.

Cortado rocoso y monumento de la virgen de Orduña desde la sierra.
Tranquilamente, caminamos hacia la ruta de descenso acompañados por los bisbitas arbóreos, alguno bastante confiado, bisbitas alpinos Anthus spinoletta y los ágiles aviones roqueros Ptyonoprogne rupestris que dieron un recital de acrobacias aéreas.

Bisbita arbóreo Anthus trivialis.
Pero todavía nos quedaba una última observación de interés. Una veloz rapaz saltó a escena sobrevolando el hayedo, un precioso gavilán común Accipiter nisus que acabó desapareciendo en el horizonte.

Gavilán común Accipiter nisus.
Pronto, regresaré a Sierra Salvada para traeros nuevas sorpresas de este magnífico paraje.

¡Hasta la próxima entrada!

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