Mostrando entradas con la etiqueta Mosquitero común. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Mosquitero común. Mostrar todas las entradas

domingo, 3 de noviembre de 2013

ANILLANDO EN URDAIBAI: ESCRIBANO PALUSTRE, MOSQUITERO COMÚN Y RUISEÑOR BASTARDO

El pasado jueves volví a retomar mi formación como anillador en el Urdaibai Bird Center después de un año de parón, disfrutando mucho con el datado y sexado de las especies que capturamos. Los pájaros más abundantes fueron los escribanos palustres Emberiza schoeniclus, cuyo omnipresente reclamo nos acompañó durante toda la jornada. Algunos se libraron de ser anillados, pero otros quedaron atrapados en las redes. Hasta 8 ejemplares, entre los que había machos, hembras, jóvenes y adultos. Perfecto para mi aprendizaje.

Precioso ejemplar de escribano palustre Emberiza schoeniclus.
Para entrar en harina, comenzaré a explicaros el sexado de esta especie. Principalmente, debemos reparar en el diseño de las plumas de cabeza y babero. Las de los machos tienen mayor cantidad de color negro con un fino borde marrón-beige. Las hembras, en cambio, poseen un diseño con menor cantidad de negro y acabado en punta. Es difícil explicarlo sin una ilustración o fotografía, pero al menos os muestro una imagen en la que podéis ver que en los machos casi no es necesario fijarnos en el dibujo, pues el píleo se ve muy negro a simple vista.

Como podéis ver el píleo se ve negruzco, lo que no ocurriría si el ejemplar en cuestión fuese una hembra. 
El datado es más complejo. La forma de las rectrices puede ayudarnos, siendo estrechas y apuntadas en los jóvenes y más anchas y romas en los adultos. Aún así, no debemos fijarnos únicamente en este rasgo porque existen ejemplares jóvenes con colas aparentemente romas.

Rectrices puntiagudas y estrechas de ejemplar juvenil de escribano palustre. Pero no olvidemos que la forma de las plumas puede cambiar induciendo a confusión.
Por lo tanto, es conveniente contrastar la conclusión a la que hemos llegado gracias a la forma de las rectrices con otros rasgos más fiables, como el límite de muda. Si existen diferencias de color o anchura del borde entre las rémiges, habremos dado con un ejemplar joven. Las plumas nuevas serán de un color negro puro con un borde más ancho, las plumas juveniles, no obstante, tenderán a ser más pardas con bordes más finos e irregulares.

Ésta es una mala imagen para observar el límite de muda dada la incidencia de la luz, pero en ninguna de las rémiges se aprecian diferencias ni de color, ni de anchura del borde.
En cuanto a los mosquiteros comunes Phylloscopus collybita he de decir que el datado es muy complicado para ojos inexpertos como los míos. Se basa en el límite de muda de las coberteras mayores, apreciable por la diferencia de tono entre las plumas nuevas y las antiguas, pero a penas conseguí distinguir entre ambas.
Otro aspecto a determinar es la muda de las rectrices centrales. En caso de existir diferencia de tono en el color de éstas con respecto al resto, estaremos ante un ejemplar juvenil. Pero como os digo, siempre debemos contrastar todas las características que podamos para un datado más preciso.

Las coberteras mayores se ven iguales, por lo que es un macho, aunque si fuese un juvenil las diferencias en el color serían tan sutiles que me costaría apreciarlas en la fotografía.
Asímismo, no debemos caer en la trampa de confiarnos en la identificación. Los que estamos acostumbrados a observar mosquiteros en el campo tenemos facilidad para determinar la especie en mano, pero, aún así, es aconsejable reparar en la existencia de emarginadura en la 6 primaria. Si existe tal emarginadura estaremos ante un mosquitero común, sino será un mosquitero musical Phylloscopus trochilus. Las diferencias en mano con respecto al mosquitero ibérico Phylloscopus ibericus exceden mis escasos conocimientos, por lo que no hablaré de él.

Mosquitero común Phylloscopus collybita.
Por último, el ruiseñor bastardo Cettia cetti se encargará de dar el broche a esta entrada sobre sexado y datado de aves en mano. El tamaño determinará el sexo teniendo en cuenta los siguientes rangos: longitud alar > 58 mm = macho; peso > 12,5 g = macho. Ejemplares con valores excesivamente cercanos al límite serán imposibles de sexar. Para el datado, la muda de las infracoberteras caudales nos proporcionará la información necesaria para distinguir entre jóvenes y adultos. Si existen diferencias de color entre ellas podremos decir que estamos ante un joven, pues ha mudado alguna/s infracoberteras caudales siendo el resto plumas juveniles. También el color del iris puede ser un rasgo distintivo, gris en el caso de ejemplares juveniles y marrón oscuro en los adultos.

Puede costar distinguirlo, pero las dos infracoberteras caudales superiores derechas son ligeramente más oscuras que el resto (plumas nuevas).
Lamento no tener mejores fotografías para ilustrar correctamente las explicaciones, pero cuando se tiene un pájaro en mano es prioritario liberarlo cuanto antes para minimizar el estrés. Siempre debe estar por delante la salud de nuestras amadas aves.
Proseguiré con más entradas sobre sexado y datado a medida que realicé más jornadas de anillamiento.

*Quiero dejar claro que pese a incluir en el título de esta entrada y otras anteriores la palabra "anillando", soy un anillador en formación que aún no tiene los conocimientos suficientes para realizar el anillado de las aves. Simplemente es una forma de llamar a las entradas cuyo hilo conductor es dicha actividad.

¡Hasta la próxima entrada!

lunes, 7 de octubre de 2013

VUELTA A LA RUTINA EN PLENA MIGRACIÓN

Ha habido un parón de más de 2 meses en este blog, pero he vuelto con más fuerza que nunca para seguir compartiendo experiencias con vosotros.
Ayer acudí a mi "local patch", en una jornada envuelta por algún que otro chaparrón, y debe ser que debido al tiempo algunas aves que se encontraban migrando se vieron obligadas a parar en esta pequeña área que visito con frecuencia.
Sedimentaron multitud de especies, siendo los mosquiteros comunes Phylloscopus collybita una de las aves más abundantes de las observadas ayer.

Mosquitero común Phylloscopus collybita posado en un abedul Betula alba.
La cantidad de petirrojos Erithacus rubecula era también ingente, habiendo observado o escuchado 27 ejemplares en un territorio bastante pequeño.
Una vez próximo a la Ría de Asúa, la cantidad de especies aumentó. En primer lugar me sorprendió un bando de 22 garcetas comunes Egretta garzetta y 2 garcillas bueyeras Bubulcus ibis. Estas últimas inéditas en la zona hasta el momento.

Garcetas comunes Egretta garzetta y garcillas bueyera Bubulcus ibis.
Pude escuchar el característico reclamo trisílabo del bisbita pratense Anthus pratensis en diferentes ocasiones, además de observar 3 garzas reales Ardea cinerea, 1 hembra de collalba gris Oenanthe oenanthe (especie no observada en mi área de campeo desde 2010), 1 carricero común Acrocephalus scirpaceus y 1 papamoscas cerrojillo Ficedula hypoleuca.

Imagen de una collalba gris Oenanthe oenanthe tomada en la migración postnupcial de 2010 en mi "local patch".

Carricero común Acrocephalus scirpaceus.
Ya al final del recorrido, cuando la lluvia arreciaba obligándome a guardar mi Olympus, la primera lavandera cascadeña Motacilla cinerea del año se posó en unas rocas de un pequeño arroyo que vierte sus aguas a la ría, regalándome una bonita observación.
Uno de los pocos momentos en los que pude haber sacado alguna toma, fue mientras esperaba bajo un puente a que las precipitaciones cesarán. Las hierbas me ocultaban en cierta medida, pues un martín pescador Alcedo atthis (quien sabe si mi querido martín de todos los años) se colocó a escasa distancia sin inmutarse. El problema fue que tenía los prismáticos en la mano y no la camará. Lo observé durante un minuto hasta que intente coger la réflex y, entonces, huyó.

Esta fotografía fue tomada posteriormente al avistamiento cercano descrito arriba. Una pena ver a este precioso martín pescador Alcedo atthis posado en una de las innumerables e invasoras Cortaderia selloana.
Los andarríos chicos Actitis hypoleucos también se asustaron, y volaron 2 de los que no me había percatado de su presencia.
Las gaviotas reidoras Chroicocephalus ridibundus volaban a lo largo de la ría y fue mientras observaba una de estas gaviotas cuando mis ojos fueron a parar a un enorme bando de 61 espátulas Platalea leucorodia que surcaban los cielos a relativa baja altura en dirección a la vega de Lamiako. Estoy convencido de que se dirigieron allí para reponer fuerzas, pues tan sólo se encuentra a poco más de 3 km de distancia.

Bando de espátulas Platalea leucorodia.
Una jornada verdaderamente entretenida, aunque me quedé con ganas de ver a los escribanos palustres. Poco falta para que lleguen...

¡Un saludo!


LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...