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sábado, 28 de diciembre de 2013

TOUR POR NAVARRA 2013: PITILLAS Y BARDENAS REALES

A mediados de agosto Jon, yo y nuestro amigo Mikel recorrimos en 4 días Navarra, pasando por los lugares que consideramos de mayor interés ornitológico.
La cosa no salió bien, ya que las especies observadas fueron muy pocas, pero pudimos conocer y ver paisajes realmente maravillosos.

El primer día recorrimos en coche las cuadrículas en las que se encuentra el territorio de la avutarda, pero debido a lo pequeña de la población era una empresa difícil que no conseguimos llevar a cabo.
Aùn así, nos llevamos la observación de una culebrera europea Circaetus gallicus posada en un poste de electricidad. Detuvimos el coche a poca distancia y disfrutamos de ella largo rato hasta que decidió alzar el vuelo.

Culebrera europea Circaetus gallicus.

sábado, 15 de octubre de 2011

DE PAJAREO EN LAS CAÑAS II

Tras una buena noche de descanso, despertarse en el campo con los cantos de los oropéndolas (Oriolus oriolus) es toda una experiencia. Este hecho fue el que me llevó a dar una vuelta a las 7 de la mañana. Fui sin cámara, de lo que me arrepentiría poco después.

Puerta de la Ermita de Cuevas.
Decidí ir en busca de los oropéndolas a ver si podía ver alguno. Seguía su canto como las polillas siguen a la luz y, cerca de la Ermita de Cuevas, descubrí el árbol donde se encontraba uno de estos maravillosos pájaros. Obviamente, no estaba a la vista pero esperé varios minutos a ver si se colocaba en una de las ramas que se situaban dentro de mi campo de visión. No lo hizo, pero salió volando, y teniendo en cuenta lo cerca que me encontraba del árbol, pude ver claramente que era un macho.
Empezaba bien el día. Con la observación del Oriolus aún en la retina comencé a escuchar los reiterados reclamos de un bando de abejarucos (Merops apiaster) que volaban encima de un campo de siega, entre un viñedo y el bosquete de pino carrasco que comenté en la anterior entrada. Me senté al borde de una ladera y me dispuse a disfrutar de estos bellos insectívoros.

Abejaruco común (Merops apiaster).
Sediento de más, me levanté al poco para internarme en la pequeña arboleda de pino carrasco (Pinus halepensis), sorprendiendo a varias palomas torcaces que pronto comenzaron a arrullar magníficamente a la sombra de las coníferas.

Paloma torcaz (Columba palumbus).
Encontré una pluma de esta especie de paloma que no dudé en guardarme en el bolsillo. Me topé con multitud de habitantes en el pequeño pinar: agateadores comunes, un pico picapinos, reyezuelos listados y 3 papamoscas cerrojillos (Ficedula hypoleuca).

Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca) fotografiado en Txoriherri.
Teniendo eCn cuenta el tamaño de la arboleda no era una cantidad nada despreciable, además todavía me quedaban algunos por descubrir, como las tórtolas turcas (Streptopelia decaocto) o un nervioso mosquitero papialbo (Phylloscopus bonelli) que no paraba de saltar por las ramas de los preciosos carrascos.

Mosquitero papialbo (Phylloscopus bonelli).
Un bando de jilgueros se alimentaba en las inmediaciones y un águila calzada me llevó a acercarme al viñedo, en el que a su vez, escucharía a la perdiz roja (Alectoris rufa). Me asomé por una de las filas del viñedo y ahí estaba, correteando a lo largo de la línea para meterse un par de metros después entre las vides. Para mi sorpresa, asomándome en otra fila para intentar descubrir otra perdiz, pillé a dos conejos comunes (Oryctolagus cuniculus) que fueron bastante más confiados que el fasiánido.
Para este momento, mi arrepentimiento por no haber llevado la cámara era total, pero al menos disponía de los prismáticos.
Regresé a la tienda y rápidamente nos pusimos rumbo a Las Cañas, aunque no sin antes escuchar a las insistentes currucas cabecinegras (Sylvia melanocephala) que clamaban en los arbustos.

Curruca cabecinegra macho (Sylvia melanocephala) fotografiada en La Galea.
Hoy sólo daríamos un rodeo al embalse, lo justo para observar a los somormujos lavancos, cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo) y ardéidas que allí se encontraban. Los ánades reales y porrones europeos también eran abundantes.

Somormujos lavancos (Podiceps cristatus), cría y adulto.
Cormorán grande (Phalacrocorax carbo).
Pareja de ánades reales (Anas platyrhynchos).
Alguna gallineta común decidió salir de su escondite entre los carrizos permitiéndonos disfrutar de ellas durante varios minutos. La valiente pareja de laguneros no dejaba de vigilar su territorio, aunque una calzada de fase clara se coló en sus dominios librándose además de posibles represalias.

Águila calzada (Hieraaetus pennatus).
Un último vistazo con el telescopio a la laguna y nos pondríamos rumbo al Ebro, nuestro objetivo de la jornada. No vimos nada especial. Ni los tarros canelos del día anterior, ni garzas imperiales, ni tampoco martinetes. Aunque los patos colorados no faltaron a la cita.

Garza imperial (Ardea purpurea) fotografiada el año anterior en Las Cañas.
Martinete (Nycticorax nycticorax) fotografiado el año anterior en Las Cañas.
Ya en camino, vimos que el paisaje era el de siempre: viñedos, campos, olivares y más viñedos. Atravesando los prados, dimos con varias collalbas grises (Oenanthe oenanthe) e incluso un bisbita campestre (Anthus campestris), pero no serían los únicos avistamientos. Una pareja de cigüeñas blancas (Ciconia ciconia) sobrevoló nuestras cabezas.

Collalba gris (Oenanthe oenanthe).
Uno de los dos adultos de cigüeña blanca (Ciconia ciconia) que cría en Forua (Urdaibai).
Tratando de divisar a algún mochuelo en una construcción de piedra en ruinas observamos una pareja de cernícalos primillas (Falco naumanni) saliendo de dicho lugar, dejándonos disfrutar de ellos durante un buen rato.

Hembra de cernícalo primilla (Falco naumanni).
El cardo Echinops ritro coloreaba de azul los bordes de los caminos, y en los taludes, hallamos numerosos nidos (ya vacíos) de abejarucos comunes que inevitablemente retrasaron nuestra marcha.

Echinops ritro.
Nidos de abejarucos comunes.
Como es natural, en los hábitats en los que nos internamos, sólo pudimos disfrutar de los típicos líquenes Physcia aipolia y Xanthoria parietina, ya que los árboles son escasos.
La planta Limonium sp., hermosamente florida, aparecía escasamente en los taludes mientras una pareja de chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) huían a las alturas rodeando a un buitre leonado (Gyps fulvus).

Limonium sp.
Pareja de chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) junto a buitre leonado (Gyps fulvus).
A lo lejos, descubrimos la línea de vegetación ribereña que sin duda pertenecía al Ebro y hacia allí dirigimos nuestros pasos. Al llegar, una gran plantación de chopos nos regaló un poco de sombra, díficil de encontrar por estos lares.

Plantación de chopos (Populus nigra) junto al Ebro.
Al alcanzar el borde del gran río sentimos una sensación especial. El sonido e hipnotizante movimiento del agua nos obligó a detenernos y descansar, mientras en la otra orilla, un andarríos chico y una garceta común luchaban por sobrevivir.

El río Ebro.
Tras recuperar un poco la noción del tiempo nos levantamos y seguimos un sendero que nos llevaría a Las Cañas. Las lavanderas blancas (Motacilla alba) y los zarceros comunes (Hippolais polyglotta) eran las especies que aparecieron en mayor número.

Zarcero común (Hippolais polyglotta).
El itinerario era tranquilo, una tranquilidad sólo rota por unos 30 aviones comunes que se alimentaban en las alturas y un ratonero común (Buteo buteo) al que sorprendimos muy cerca del camino, obligándole sin querer a alzar el vuelo.

Busardo ratonero (Buteo buteo).
No tardamos en llegar a las inmediaciones del embalse. 2 invertebrados, de los pocos observados durante nuestra estancia en tierras navarras, aparecieron cerca: un díptero de la subfamilia Anthraciinae y la libélula Sympetrum fonscolombii.

Díptero de la subfamilia Anthraciinae.
Macho de Sympetrum fonscolombii.
Seguíamos disfrutando de los viñedos y, en uno de ellos, descubrimos un macho de alcaudón común que parecía otear el entorno en busca de presas.
Volvimos a la charca donde el día anterior pudimos deleitarnos con las ranas comunes, pudiendo fotografiar esta vez a un macho y a un visitante introducido como es el cangrejo de río americano (Procambarus clarkii).

Macho de rana común (Pelophylax perezi).
Cangrejo de río americano (Procambarus clarkii).
En los campos no paraban de moverse las cogujadas comunes (Galerida cristata), aunque para mi desgracia siempre mantenían las distancias. Tal vez era mejor así.

Cogujada común (Galerida cristata).
Una vez en la Ermita, nos llevamos una sorpresa. Una gran avispa se movía por los alrededores y la seguimos hasta el pórtico. Poseía unas patas largas y un tórax finísimo que le confería un extraño aspecto. Era una Sceliphron spirifex y debía estar realizando labores de mantenimiento en su nido, el cual estaba hecho de barro y tenía un tamaño nada despreciable.

Nido y ejemplar de Sceliphron spirifex.
El viaje tocaba a su fin a la vez que el día nos despedía con la suave luz del atardecer. Los cantos y reclamos de agateadores, abejarucos, perdices, pardillos, oropéndolas y palomas torcaces se desvanecían para dar paso a los reclamos de mochuelos y autillos (Otus scops).

Pardillo común macho (Carduelis cannabina).
Como colofón final quisimos conversar con los pequeños autillos tratando de imitarles por medio de silbidos. Atraer a 2 o 3 de estas pequeñas rapaces nocturnas en la noche navarra, es una experiencia difícil de olvidar. Un ejemplar se posó muy cerca, tan cerca que podíamos tocar el árbol en el que se encontraba sin que se asustara, aunque el follaje ocultaba su críptica silueta. Fue un momento muy emocionante pero breve, pues no somos amigos de molestar demasiado a los animales.
Nos dio pena regresar a Bilbao. Lo vivido en Las Cañas y alrededores fue tan bonito, plagado de tantos momentos apasionantes que no podíamos sino sentir tristeza por nuestra marcha. Pero volveremos, ya lo creo que sí.

Precioso paisaje del valle del Ebro, tan solo estropeado por los aerogeneradores.


Endika


jueves, 6 de octubre de 2011

DE PAJAREO EN LAS CAÑAS I

Los primeros viñedos ya se vislumbraban a través de la ventana del bus. A mi lado, un emocionado Jon que, al igual que yo, tenía el presentimiento de que viviríamos 2 días maravillosos en los llanos navarro-riojanos.
Previamente, tuvimos que bajarnos en Logroño para seguir rumbo a Viana a bordo de un autobús regional, y en ello nos encontrábamos.
Esta zona de la península nos pareció especialmente interesante porque el paisaje es totalmente contrario al que estamos acostumbrados en el Cantábrico. Viñedos, olivares, enormes campos de siega y escasos árboles, tan sólo abundantes alrededor de masas de agua como ríos y embalses.

Los maravillosos olivos (Olea europaea) son muy abundantes en la zona.
Ya en pleno Viana, pueblo de peregrinos e importantes monumentos históricos, nos dirigimos hacia el lugar donde nos tocaría pernoctar durante 2 noches, la Ermita de Cuevas que debía encontrarse a medio camino entre el Embalse de Las Cañas y Viana.
No sería difícil hallarla, sobre todo porque forma parte de un tramo del Camino de Santiago, con lo cual sólo teníamos que seguir a los numerosos peregrinos que por allí se aventuraban.
Así lo hicimos y en poco más de 20 minutos nos encontrábamos en la citada Ermita.
Por el camino, dimos con multitud de pardillos (Carduelis cannabina) y jilgueros (Carduelis carduelis). También eran abundantes las grandes palomas torcaces (Columba palumbus) a las que veíamos volando con bastante frecuencia.
 
Hembra de pardillo común (Carduelis cannabina).
Los majuelos (Crataegus monogyna) adornaban cada rincón con los rojos frutos que portaban, aunque uno de estos majuelos portaba algo más que frutos: un joven alcaudón común (Lanius senator) que permanecía inmóvil a pesar de tenernos a 1 metro de distancia. Puede parecer exagerado, pero alargando el brazo podíamos tocarlo, literalmente. Era precioso, y las fotos que logré realizarle son las mejores que he sacado hasta ahora. Siempre le tendré cariño a este pequeño alcaudón.

Alcaudón común joven (Lanius senator).
Woodchat shrike juvenile.
La cercanía era asombrosa, digna de un jovenzuelo que aún no ha aprendido a temer al hombre.
Nos mantuvimos a una distancia prudencial, medio ocultos, esperando a que apareciera el padre o la madre, pero tal vez este alcaudón ya se valía por si mismo y nos fuimos sin ver a los adultos.

Nuestro querido alcaudón, ahora algo más lejos.
Unos metros más adelante nos topamos con un viñedo de buen tamaño. Sabíamos que era común ver a las perdices rojas (Alectoris rufa) corretear entre las vides, así que probamos suerte, pero no conseguimos dar con ellas. En su lugar observamos unas cuantas cogujadas comunes (Galerida cristata) alimentarse junto a un nutrido bando de gorriones comunes (Passer domesticus).

En los viñedos era necesario fijarse bien para intentar sorprender a las bonitas perdices.
Ya estábamos llegando a nuestro destino. Sabíamos que había algunas construcciones y un arroyo cerca de la Ermita, y las estábamos viendo. Una urraca graznaba encima de una de esas construcciones, dándonos la bienvenida a la que iba a ser nuestra morada durante 2 noches.

Urraca (Pica pica).
El sitio nos gustó, una fresca arboleda llena de moreras (Morus alba) y el introducido árbol del cielo (Ailanthus altissima), una fuente y un buen césped en el que plantar nuestra tienda. Además, un interesante bosquete de pino carrasco (Pinus halepensis) que guardaba la Ermita en su cara Oeste.

Árbol del cielo (Ailanthus altissima).
Tras nuestra pequeña inspección de la zona decidimos seguir caminado hasta Las Cañas, que se encontraba a un cuarto de hora aproximadamente.
La ruta comienza junto al observatorio del Bordón, buen lugar para informarse de cuales son los mejores puntos para avistar determinadas especies.
El principio del itinerario no presagiaba nada bueno. No se oían apenas cantos (tan solo los reclamos de los locuaces gorriones), y los campos aledaños no tenían nada que ver con los que me encontré cuando vine en Junio del año anterior. Numerosas flores y gramíneas que crecían altas y coloridas, pero esta vez sólo quedaban sus segados tallos.

Fotos de Junio del año anterior.
Aspecto de uno de los prados tras la siega.
Después de sobrepasar el primer cuarto de la ruta descubrimos una charca en la que pudimos ver 3 ranas comunes (Pelophylax perezi), concretamente 2 hembras y un macho a los que pude fotografiar a placer.
Un gran bando de cerca de 25 jilgueros no paraba de revolotear en las estribaciones.

Hembra de rana común (Pelophylax perezi).
Allí donde hubiera carrizos, buitrones y carriceros dejaban oír sus reclamos, aunque verles era otro cantar.

Carricero común (Acrocephalus scirpaceus).
No sólo en los carrizos (Phragmites australis) se oían a los buitrones, también en hábitats como el de la foto.
Las omnipresentes palomas torcaces sobrevolaban una y otra vez los bosquetes que rodean el embalse.
Continuamos con el itinerario y en el cielo divisamos una rapaz. Su claro plumaje nos permitió reconocerlo a distancia, un bellísimo macho de abejero europeo (Pernis apivorus) que decidió volar cerca de nosotros.
Esta especie es un interesante ejemplo de especialización. Su alimentación se basa en gran parte en larvas y pupas de himenóptero, principalmente de avispas, avispones y abejorros. Para defenderse de las picaduras a desarrollado una gran densidad de plumas en las patas y duras escamas que le protegen cuando las utiliza para cavar, consiguiendo de esta forma, extraer con el pico el alimento. Su cabeza alargada, uno de los rasgos diferenciadores del similar ratonero común (Buteo buteo), sirve para introducirla cómodamente en las colmenas.
Me encantaría verlo corretear por el suelo cual gallina, vigilando y persiguiendo a las avispas para llegar así, a los preciados panales. Seguro que es todo un espectáculo.

Macho de abejero europeo (Pernis apivorus).
European honey-buzzard male.
Por fin pudimos observar la laguna. Descubrimos decenas de porrones europeos (Aythya ferina), 140 fochas comunes (Fulica atra), unos pocos somormujos (Podiceps cristatus) y zampullines comunes (Tachybaptus ruficollis) con sus crías; algunas garzas reales, garcillas bueyeras y garcetas comunes y la pareja de aguiluchos laguneros (Circus aeruginosus) que planeaba por encima de su territorio custodiándolo ante cualquier intruso. En el centro de interpretación nos comentaron como curiosidad, que esta pareja logró expulsar a tan formidables enemigos como el águila real (Aquila chrysaetos) y el halcón peregrino (Falco peregrinus).

Focha común (Fulica atra).
Hembra de aguilucho lagunero occidental (Circus aeruginosus) fotografíado en Arteaga (Urdaibai).
Somormujo lavanco (Podiceps cristatus).
Cría y adulto de somormujo lavanco (Podiceps cristatus).
Estuvimos todo el día en Las Cañas, hasta la misma noche. Durante la larga jornada descubrimos un buen número de especies entre las que destacan 9 patos colorados (Netta rufina) y 11 tarros canelos (Tadorna ferruginea) que se convirtieron en las estrellas del día.
Los abejarucos (Merops apiaster) y los aviones zapadores (Riparia riparia) sobrevolaban a ras del agua para cazar insectos, realizando espectaculares acrobacias.

2 abejarucos comunes (Merops apiaster).
Admirando las maravillosas escenas que se representaban en el embalse comenzó a atardecer. Decidimos dar una pequeña vuelta para localizar paseriformes antes de que oscureciese demasiado, pero no tuvimos el éxito que esperábamos. Collalbas grises, cogujadas comunes y en los chopos (Populus nigra), ruiseñores bastardos y un reclamo que pensamos podría pertenecer al pájaro moscón, aunque no lo podemos garantizar dada nuestra inexperiencia con la especie.
Vigilé insistentemente el tamarizal con la idea de localizar al críalo europeo (Clamator glandarius) que el año anterior pude ver posado en un taray. Aunque en el Bordón nos dijeron que tanto éste, como el cuco (ambos parientes) se veían mejor en los bosquetes de ciprés común (Cupressus sempervirens).

Críalo europeo (Clamator glandarius).
Ni rastro del triguero, ni de las garzas imperiales. Pero al menos disfrutaríamos de un increíble espectáculo. Con el sol tratando de esconderse en el horizonte y el cielo tornándose rojizo, nos sentamos cómodamente en la hierba a la espera de que sucediera algo, aunque no imaginábamos lo que nos aguardaba.

Somormujo lavanco (Podiceps cristatus).
Atardecer en Las Cañas.
De repente, decenas de aves iniciaron un intercambio que duraría hasta la noche, del Ebro al embalse y del embalse al Ebro. Decenas de garcetas, porrones, ánades, garcillas bueyeras y las garzas reclamando en las alturas convertidas ya en negras siluetas por el poder del crepúsculo. Comenzaba el viaje a los dormideros. Un bando de 80 abejarucos captó nuestro interés. Ruidoso y colorido como un arcoíris, se dirigía a la arboleda donde debía pasar la noche. Nos mantuvimos atónitos hasta que la escasa luz ya no permitía más observaciones. En ese instante, nos levantamos e iniciamos la búsqueda del alcaraván (Burhinus oedicnemus) y del mochuelo (Athene noctua), pues queríamos oírles en la oscuridad.
Nos acercamos a la zona Este del embalse, embriagados por la penumbra que se abalanzaba sobre nosotros, voraz e insaciable. Nos dirigíamos hacia los viñedos y los extensos campos de siega presentes en esta parte de Las Cañas con la intención de escuchar, principalmente, a nuestro primer objetivo, el alcaraván.
Algo que me sorprendió enormemente fue salir a campo abierto y observar que las únicas luces son las de Viana, Logroño y la luna llena, el resto negro.

Viana vista desde el embalse.
Al alcanzar la parte del sendero que pasa entre el embalse y los prados de siega escuchamos al alcaraván. Al principio de forma tenue, pero poco después lo oímos volando muy cerca de nuestra posición. Emitía un reclamo similar al canto, lo que nos facilitó la identificación.
Disfrutamos mucho con este primer encuentro, pero aún faltaba nuestro segundo objetivo, el duende. Anduvimos hacia el observatorio, el cual teníamos cerca, mas al pasar por un bosquete de ciprés común (no con el porte piramidal que algunos estamos acostumbrados a ver en cementerios y alineaciones, si no con un porte horizontal, semejante a un pino), escuchamos varios sonidos. A pesar de no haber oído nunca esos reclamos, llegamos a la conclusión de que eran 3 mochuelos, 2 crías y un adulto. Era curioso ver como en el momento en que nos acercamos a sus crías, trató de despistarnos saliendo fuera del bosquete y reclamando en campo abierto.
Evidentemente, les dejamos en paz, pues no es aconsejable excederse en situaciones así, ni propio de 2 amantes de la naturaleza como nosotros.
Ya junto a la Ermita volvimos a escuchar a esta especie, pero no fue posible verla. En cambio, si fue posible descansar plácidamente para estar preparados para lo que nos esperaba al día siguiente.

Continuará en " DE PAJAREO EN LAS CAÑAS ( II ) "

Endika

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