miércoles, 21 de septiembre de 2011

ESPECTÁCULO EN PLAIAUNDI

Este pasado jueves supe de la presencia de un eider común (Somateria mollissima) en Plaiaundi (Irún), gracias al cuaderno de campo de la página web de Seo. El sábado, ya me encontraba madrugando para acudir allí en autobús con Zuriñe.
Nunca había estado en este humedal y, sinceramente, no esperaba que fuera nada del otro mundo, pero sin duda me equivocaba.
LLegamos a nuestro destino, bajamos del bus, y un minuto después, mientras caminabamos hacia Plaiaundi, vimos un bando de unas 70 espátulas (Platalea leucorodia) volando por encima de nosotros. El día pintaba bien.
También tuvimos la oportunidad de ver otro bando, pero esta vez de unas 50 garzas reales (Ardea cinerea). Mi emoción crecía por momentos.

Garza real (Ardea cinerea).
Unos 5 minutos más tarde llegamos al centro de interpretación, que visitaríamos a nuestro regreso. Justo detrás del centro nos topamos con una laguna de agua dulce en la que se encontraban unas 25 fochas comunes (Fulica atra), algunas a escasos metros; varios zampullines comunes (Tachybaptus ruficollis), también a muy poca distancia; algunas gallinetas comunes (Gallinula chloropus), incluída una joven, y un puñado de ánades reales (Anas platyrhynchos). Una garceta común (Egretta garzetta), descansaba solitaria en la marisma situada en frente de la laguna.

Focha común (Fulica atra).
Zampullín común (Tachybaptus ruficollis).
Gallineta común juvenil (Gallinula chloropus).
Pasamos varios minutos observando y acto seguido continuamos hacia un cruce por el que se puede seguir tanto a la derecha como a la izquierda. Justo en el cruce, la vegetación permitía observar la marisma, y decidí prospectar con mis prismáticos. A lo lejos observé una rapaz posada en un poste que resultó ser una preciosa águila pescadora (Pandion haliaaetus). Saqué mi telescopio a toda prisa y al fin pude observarla al detalle mientras se alimentaba de un pez. Una auténtica belleza.

Lejana foto de águila pescadora (Pandion haliaaetus), lástima de digiscoping.
Desde el mismo punto se veían unos 5 cormoranes grandes (Phalacrocorax carbo) posados en postes y se escuchaban andarríos chicos (Actitis hypoleucos). Seguimos el camino hacia la derecha y, durante el trayecto, en los tamarises (Tamarix gallica) y laureles (Laurus nobilis) que se apostaban a los lados del camino, avistamos multitud de currucas zarceras (Sylvia communis), mosquiteros comunes y musicales (Phylloscopus collybita y P. trochilus), ruiseñores bastardos (Cettia cetti) y currucas capirotadas (Sylvia atricapilla). Alcanzamos otro punto libre de vegetación desde el que observamos 2 colirrojos tizones (Phoenicurus phoenicurus), más currucas zarceras, gorriones comunes y palomas domésticas. Además, tras varios minutos de espera vimos un martín pescador (Alcedo atthis) lanzándose al agua cual proyectil y consiguiendo, después de intentarlo un puñado de veces, capturar un pez.

Mosquitero musical (Phylloscopus trochilus) fotografiado en Txoriherri.
Colirrojo tizón (Phoenicurus ochruros) fotografiado en Txoriherri.
Volvimos hacia el cruce, y volví a vigilar los postes con mis prismáticos. La pescadora se había ido. Esta vez, continuaríamos hacia la izquierda, donde se encontraban los observatorios para poder observar la marisma de San Lorenzo. A la derecha, donde los tamarises lo permitían se podían avistar las orillas de la ría. LLegamos a otro zona de observación, donde pudimos disfrutar de los cormoranes que comenté al inicio del itinerario, aunque esta vez, uno de ellos se encontraba a pocos metros.

Cormorán grande (Phalacrocorax carbo).
Entre los postes y la orilla, había un grupo de aves formado por zarapitos reales (Numenius arquata), agujas colipintas (Limosa lapponica) y ánades reales. Más lejos se encontraba un grupo de una decena de archibebes claros (Tringa nebularia). Era un buen lugar para detenerse un buen rato, ya que se podían observar las aves sentados en un banco.


Zarapito real (Numenius arquata).
Zarapito real (Numenius arquata).
Aguja colipinta (Limosa lapponica).
Ya se me había olvidado el objetivo que me llevó hasta Irún, el eider. Y cuanto menos lo esperaba apareció majestuoso entre limícolas y azulones.

Eider común (Somateria mollissima).
Poco después decidimos aventurarnos en uno de los observatorios para observar la marisma de San Lorenzo. Coloqué el telescopio y observé unas 12 garcetas comunes, 4 garzas reales y unas pocas gallinetas comunes. De momento nada extraño hasta que un bando de 104 espátulas voló para posarse justo delante del observatorio, increíble. Yo, acostumbrado a observar en la marisma de Gauteguiz-Arteaga como mucho una docena de este tresquiornítido, estaba alucinando.

Espátulas (Platalea leucorodia), garcetas comunes (Egretta garzetta) y garzas reales (Ardea cinerea).
Los hechos se sucedían unos tras otros: por un lado llegaron los correlimos comunes (Calidris alpina), en un principio 4, pero poco a poco el número fue en aumento hasta alcanzar la veintena. También comenzarón a llegar escalonadamente una serie de archibebes comunes (Tringa totanus) y claros que me permitieron muy buenas observaciones. Una hembra de martín pescador permanecía posada en el cable de una de las cámaras que vigilan las aves del humedal, gran avistamiento. Como grandes fueron los avistamientos de 3 papamoscas grises (Muscicapa striata) que se posaban en ramas muy cercanas al observatorio.

Correlimos común (Calidris alpina) fotografiado en Lamiako.
Estaba resultando un día más que entretenido, y mientras pensaba en la grata impresión que me había producido este lugar, apareció un grupo de 3 correlimos menudos (Calidris minuta) acompañados, minutos después, por una hembra joven de combatiente (Philomachus pugnax).
Los carricerines comunes (Acrocephalus schoenobaenus) no dejaban de pasearse por los carrizos que se encontraban delante del observatorio, al igual que los carriceros comunes (Acrocephalus scirpaceus). Una pequeña ave también decidió pasearse por entre los carrizos, aunque esta especie no la esperaba: era una preciosa polluela pintoja (Porzana porzana).

Carricerín común (Acrocephalus schoenobaenus).
Polluela pintoja (Porzana porzana).
La guinda final la pusieron la lluvia y una pareja de pagazas piquirrojas (Hydroprogne caspia) que sobrevolaban la marisma. Como enormes charranes subían, bajaban y volaban velozmente mientras su gran pico rojizo resaltaba por encima del color blanco y negro del resto de su anatomía.

Pagaza piquirroja (Hydroprogne caspia).
Cuando cesó la lluvia, nos dispusimos a abandonar Plaiaundi, mientras en el camino disfrutabamos de carboneros comunes (Parus major), papamoscas cerrojillos (Ficedula hypoleuca), mitos (Aegithalos caudatus), agateadores comunes (Certhia brachydactyla), mirlos (Turdus merula), lavanderas blancas (Motacilla alba) y una quincena de aviones zapadores (Riparia riparia). Pájaros comunes pero que nunca cansa ver.

Papamoscas cerrojillo macho (Ficedula hypoleuca) fotografiado en Txoriherri.
Me despedí del lugar con tristeza, pues había sido un día inolvidable, pero con la satisfacción de saber que ya sea en tren o autobús, puedo regresar cuando quiera para volver a disfrutar de las aves.

Endika

domingo, 18 de septiembre de 2011

TANTO QUE HACER Y TAN POCO TIEMPO

Río Bernesga a su paso por la capital leonesa, un buen lugar para la observación de aves invernantes.
Un nuevo lugar, una nueva meta y un nuevo mundo por descubrir. Como el que después del camino encuentra su recompensa con un simple trago de agua limpia o una sombra en la que cobijarse de los abrasadores rayos del sol, por fin, tras tantos sinsabores e incontables trabas, me encuentro en el umbral de este nuevo mundo, que me abrirá las puertas hacia la autorrealización y la superación, la universidad.

Todo un desafío por el que todo aquel que desee ejercer una profesión, en este caso como biólogo, debe
afrontar, nunca sabemos por que cauce nos llevará la vida, pero siempre es buen momento para percatarse de lo que a uno realmente le gusta, con lo que disfruta y que tantas satisfacciones le da.
Debo agradecer a mi profesor y uno de los mayores expertos del oso pardo cantábrico (Ursus arctos), Fernando Garitagoitia, "Fernan" para los amigos, que me ha descubierto tantas bellezas y entresijos de la naturaleza al cual seguro que le ilusionará esta mención y a Endika, por haberme motivado sin cesar para hacer realmente lo que siempre había querido, ¡nunca lo habría sabido de no ser por tí!

Pero sin esfuerzo no hay recompensa y, para mí, poder introducirme en el mundo universitario es todo un triunfo, mas no acaba aquí la satisfacción, ya que este ansia de conocimiento me ha hecho trasladarme a una nueva región por explorar y muchos secretos que descubriros en esta bella tierra que es Castilla y León.

Los comienzos siempre son difíciles y es aquí donde hay que demostrar la madurez y la responsabilidad sin descuidar el ocio y el esparcimiento, que es difícil de eludir con tantos espacios naturales por conocer y tantas especies de mamíferos, aves, anfibios, invertebrados, peces... para observar y disfrutar. Sin embargo también queda la añoranza de los amigos y familiares que se dejan, especialmente a mi compañero y amigo, con el que comparto este blog y que tan alucinantes y sorprendentes narraciones nos ofrece.

Emprendo pues, esta nueva empresa con alegría e ilusión y con muchas ganas de aprender y una nuevo entorno de nuestra geografía por descubrir, que seguro me deparará muchas zonas y especies nuevas para mostrároslas aquí, con esa visión tan particular de la naturaleza con la que nos gusta revelaros nuestras vivencias ¡hasta pronto!

PUBLICADO POR: JON MORANT ETXEBARRIA

miércoles, 14 de septiembre de 2011

POESÍA ALADA: LAS AVES MARINAS

Las aves son un auténtico canto a la belleza. Con cada aleteo imprimen una melodía a la vida, a la libertad, al sueño de volar. Fundiendo sus siluetas con el rojizo color del ocaso, oído, vista y mente trabajan por tratar de asimilar tanta hermosura.

Alca común Alca torda.
Pero cuando se combinan el mar y las aves la vida cobra otra dimensión, las sombras se vuelven reflejos y las furiosas olas en compañeras de viaje.

Gaviota patiamarilla Larus michahellis.
Las aves marinas son un grupo que me maravilla, no es que me gusten más que el resto, pero su visión resulta diferente. Tal vez sea el propio mar el que confiera esa diferencia, o tal vez la salvaje y sublime preciosidad implicita en este grupo ornítico.

Alcatraz atlántico de segundo año Morus bassanus.
Esta categoría de aves la componen varios órdenes: Charadriiformes (gaviotas, págalos, charranes, álcidos...), Pelecaniformes (pelícanos, rabihorcados, rabijuncos, cormorames, alcatraces...) y Procellariiformes (pardelas, albatros, paíños, petreles...) aunque existen Anseriformes (eideres, negrones...), Falconiformes (pigargos) y Podicipediformes a los que también les podemos poner la etiqueta de marinas.

Garceta común Egretta garzetta. Una ardéida del orden Ciconiiformes que podemos ver en invierno en costas y estuarios.


El vuelvepiedras común Arenaria interpres es una limícola que se puede ver con frecuencia en las costas.
Una gran oportunidad para aprender más sobre estos fascinantes seres y admirar su destreza en el aire son las rutas en barco, como la ruta en barco por la Bahía de Santander, de la que pude disfrutar el año pasado y de la que disfrutaré éste, además, por partida doble.

Cormorán moñudo inmaduro Phalacrocorax aristotelis.
También existen puntos clave como los cabos para poder observarlas. Dos puntos de gran importancia en Vizcaya (a mi modesto entender) son Cabo Billano y Cabo Matxitxako.

Parte de un bando de unos 150 cormoranes grandes Phalacrocorax carbo  viajando al norte en Cabo Billano.


La playa de La Bola (Getxo) también es un buen lugar para ver aves marinas. En la imagen podemos ver 2 charranes patinegros Sterna sandvicensis, 3 gaviotas cabecinegras Larus melanocephalus y 1 gaviota reidora Larus ridibundus.
Uno de los momentos naturales que recordaré siempre fue mi primer avistamiento de alcatraz atlántico (Morus bassanus). Ocurrió en el ferry Pride of Bilbao, en pleno Canal de la Mancha, en medio de la nada, rodeado del gran azul. Un bando de unos 6 ejemplares adultos surcaba los cielos a baja altura en perpendicular a la popa del barco. El mismo día observé varios bandos más, pero fue a la mañana siguiente cuando tuve mi mejor experiencia.
Nada más subir a la cubierta, lo más temprano que me permitió Morfeo, me encuentro un alcatraz aprovechando la estela del barco a escasos metros de mi posición. Impresionado por el tamaño, tardo en reaccionar y no logro disparar mi cámara hasta que se ha alejado varios metros.

Alcatraz atlántico adulto Morus bassanus.
Incluso el vuelo de las tan vulgares y molestas (no para mi) gaviotas patiamarillas puede resultar inolvidable, aunque esto depende de los ojos que las miren.

Gaviota patiamarilla Larus michahellis.
Aún me quedan innumerables espectáculos por vivir, pero ya he tenido la oportunidad de experimentar la sensación que produce contemplar un grupo de cormoranes moñudos apostados en las más recónditas zonas de los acantilados, allí donde rompen las olas; la impresionante observación de varios alcatraces realizando picados imposibles; pardelas cabalgando sobre las corrientes que produce el oleaje o los rifirrafes entre los halcones peregrinos y las gaviotas patiamarillas. Todo poesía.

Zampullín cuellinegro Podiceps nigricollis.


 Endika





miércoles, 7 de septiembre de 2011

MAESTROS DEL VUELO: EL BUITRE LEONADO

“Madrugó el viejo carroñero, mientras los primeros rayos del alba bañaban su rostro, mostrando su fría y calculadora mirada, esperando a que la codiciada corriente de aire caliente surgiera para poder elevarlo hasta lo más alto del infinito azul celeste”.

Buitre leonado Gyps fulvus.
Con este corto relato sobre el carroñero del viejo mundo doy comienzo a este rincón donde se homenajeará a aquellos seres voladores que pueblan nuestra geografía y que demuestran un desenvolvimiento excepcional en ese elemento que es el aire; con el fin de conocerlos mejor, admirarlos y porqué no, disfrutar de su belleza.

Grupo de buitres leonados al borde de los cortados de Orduña
Los buitres leonados son de los seres alados más majestuosos que habitan en nuestra península junto con su hermano mayor, el buitre negro, y por ello una razón de orgullo y satisfacción para todos los que luchan por la recuperación de estas dos bellezas en nuestro país.

Buitre leonado Gyps fulvus.
Después de sufrir un claro declive durante la década de finales de los ochenta y durante los años noventa, ha aumentado de manera siginificativa en lo que a los índices demográficos se refiere. Aquí en la cordillera cantábrica, tenemos la oportunidad de observar grandes colonias del primero y en diversos ambientes.

Las observaciones de este supercarroñero en Orduña son realmente espectaculares.
Sorprendentemente es un ave que en Europa ha sufrido un declive importantísimo hasta llegar a la extinción en algunos puntos del viejo continente y con la consiguiente perdida de la subespecie; en la península ibérica gozamos de poder observar la subespecie fulvus (la cual ocupa la vieja iberia, y el noroeste Africano hasta Oriente medio) cuyas diferencias con la otra subespecie existente Gyps fulvus fulvescens son mínimas morfologicamente. Sin embargo, esas diferencias parecen ser suficientes para considerarlos genéticamente y dividirlos en dos subespecies.

Buitre leonado clavando la mirada en dos alucinados humanos.
En la península se han encontrado colonias de buitres en lugares tan dispares como los salientes de Peña Candina sobre el mar en Cantabria o como, en casos más extremos pero no por ello menos habituales, en nidos sobre formas arbóreas, un ejemplo es el nido encontrado en la vertiente mediterránea de Extremadura,en la cual una pareja de buitres leonados aprovechó la plataforma sobre una encina Quercus ilex utilizada por una pareja de buitres negros Aegypius monachus en el pasado.

Buitre leonado Gyps fulvus.
Vizcaya goza de tener una de las colonias mas fructíferas del cantábrico, y la podemos encontrar frente a la primera y única ciudad de esta provincia, Orduña. Los macizos de Sierra Salvada son su hogar, un lugar de ensueño y de singular belleza, y sin embargo, tan poco valorado, en mi humilde opinión.


Buitre leonado Gyps fulvus.
La maestría con la que este ser domina los vientos y las corrientes es alucinante, ya que no parece haber un gasto energético aparente durante su vuelo, por otra parte muy constante y regular, lo que lo convierte en una de las aves mejor adaptadas en vuelos de largo alcance. Un buen ejemplo es el de un Buitre Leonado anillado como pollo en la Foz de Lumbier (Navarra) en junio de 1972, fue muerto de un tiro en octubre del mismo año en Córdoba a 610 km al SSO. Pero estos grandes desplazamientos pueden ser excepcionales.

Buitre leonado Gyps fulvus.
Los salientes del lugar y la extensión de terreno a prospectar en busca de comida para los jóvenes del buitre hacen de este lugar un privilegio para todo aquel que quiera seguir los avances de las parejas de la zona, desde los hermosos bailes nupciales donde podemos observar a las parejas cual dos enamorados surcando el vació, hasta la ceba de los pollos volantones, todo un espectáculo,pero siempre sin causar molestia ni alteración del habitat de la especie.

Buitre leonado Gyps fulvus.
Gracias a gente que se preocupa por el bienestar de estas criaturas aladas podemos disfrutarlas hoy en este magnífico lugar. Esperamos poder seguir gozando y, por supuesto, aprendiendo de ellas cada vez más, para que llegue ese ansiado día en el que sepamos valorar realmente lo que tenemos.

Imagen de los magníficos cortados de Orduña.
 "...y es que la verdadera esencia de la sabiduría no se halla en alguien que creíalo todo saber, si no en aquel que, aún sabiéndolo todo, quiso saber más..."

Jon

domingo, 4 de septiembre de 2011

GIBAJA 2011 II

La mañana amanece entre cantos de pájaros mientras los primeros y tímidos rayos de sol luchan por entrar a través de la ventana del salón.
El pito real reclama alzando su voz por encima de los locuaces gorriones comunes, lo que me devuelve a la realidad, a la preciosa y amada realidad después de una noche durmiendo en el frío y duro suelo, sin una triste esterilla. La casa está aún sin amueblar y tanto Jon como yo tuvimos que hacer un esfuerzo para poder disfrutar durante dos días de Gibaja.

Roquedos observados desde el encinar.

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