viernes, 5 de abril de 2013

ANILLANDO EN URDAIBAI: TORCECUELLO, MARTÍN PESCADOR, PECHIAZUL Y OTRAS AVES

Llevábamos tiempo tratando de comenzar nuestra formación en el campo del anillamiento y fue en un voluntariado organizado en septiembre del año pasado por el Bird Center de Urdaibai donde vimos nuestra mejor oportunidad.

Éste es el paisaje que se puede observar desde el Bird Center.
Para dos amantes de las aves como nosotros, aprender a sexar y datar especies que en nuestras correrías pajariles sería imposible por las distancias, suponía una práctica realmente interesante.
El objetivo del voluntariado se centraba en colaborar principalmente en actividades de anillamiento relacionadas con dos proyectos en concreto. Uno de ellos, tenía como protagonista al ruiseñor pechiazul Luscinia svecica, de los que anillamos multitud de ejemplares.
En las siguientes imágenes apreciamos el alto dimorfismo sexual de esta especie, lo que hace fácil su sexado.

Ejemplar macho de pechiazul Luscinia svecica.

Ejemplar hembra de pechiazul Luscinia svecica.


En los ejemplares jóvenes encontraremos en las puntas de las coberteras grandes y primarias unas pintas de color anaranjado, de las que los adultos carecen.

Se pueden apreciar claramente las pintas anaranjadas que confirman la edad del ejemplar.
La subespecie más común fue la L. s. namnetum, menor en tamaño que otra de las subespecies que se suele capturar, L. s. cyanecula.
El segundo de los proyectos se centraba en la golondrina común Hirundo rustica, las cuales se capturaban por la noche y en el dormidero. En esta especie lo complicado es sexar, teniendo relación directa con la longitud de las rectrices exteriores que forman la horquilla característica de la cola. Teóricamente, existen unas medidas estándar que determinan que ejemplares con las R6 de cierto rango de longitud son machos, y ejemplares con un rango inferior, hembras.

Golondrina común Hirundo rustica.
A pesar de que las jornadas tuviesen como protagonistas a estas dos especies, fueron otras muchas las que tuvimos la oportunidad de observar de cerca para adquirir los conocimientos necesarios para su sexado y datado.
Los primeros en quedar atrapados en las redes fueron los carricerines comunes Acrocephalus schoenobaenus y los carriceros comunes Acrocephalus scirpaceus:

Carricero común Acrocephalus scirpaceus.
Para diferenciar jóvenes de adultos en aves del género Acrocephalus en la época post-nupcial, debemos fijarnos en la muda: si las rectrices y rémiges están desgastadas será un adulto, si son nuevas, un ejemplar juvenil.

Si nos fijamos, veremos que el carricero de la derecha posee las plumas de vuelo e incluso del cuerpo desgastadas (adulto), mientras que el de la izquierda presenta un plumaje nuevo, sin desgaste (juvenil).
Además, en las paseriformes pueden aparecer unas barras llamadas barras de crecimiento cuyo desarrollo es similar al de los anillos de los árboles. En épocas de escasez se forma dicha barra que será contínua en individuos jóvenes, pues sus plumas rectrices han crecido al mismo tiempo. Sin embargo, en los adultos será discontínua ya que han sufrido múltiples mudas y pérdidas que provocan que las rectrices hayan crecido en momentos diferentes.

Carricerín común Acrocephalus schoenobaenus.
Durante las dos semanas en las que estuvimos en Urdaibai, fueron unas cuantas las especies que pudimos tener en la mano, pero, sin duda, las que más ilusión nos hicieron fueron el martín pescador Alcedo atthis y el torcecuello Jynx torquilla.

Martín pescador Alcedo atthis.
Capturamos al mismo martín pescador dos días seguidos, un ejemplar joven, como pudimos comprobar por el color del pico y el tono general más apagado del color de sus rémiges.

Torcecuello euroasiático Jynx torquilla.
El torcecuello de la imagen resultó ser también un ejemplar juvenil, confirmado gracias al color grisáceo del iris, de color pardo-rojizo en los adultos.

Poder observar con detalle el críptico plumaje de esta especie es todo un lujo.

Observad el color grisáceo del ojo, pues es diagnóstico para su sexado.
Algo que suele llamar mucho la atención en ambas especies, aunque bastante más en el caso del torcecuello, son los movimientos que realizan con la cabeza cuando se sienten amenazados.
El torcecuello abre su cola en abanico, alza la cresta y comienza a contorsionar la cabeza hacia los lados, consiguiendo una lograda imitación de los movimientos de una serpiente, resultando más amenazador ante posibles enemigos.


En cambio, el martín pescador gira la cabeza lateralmente de un lado a otro. Movimiento curioso del que no tenía constancia en esta especie.
Además, pudimos comprobar lo relajados que se quedan los martines cuando se les coloca boca abajo.


Capturamos muchas más especies durante aquellas dos semanas, incluida alguna sorpresa... Pero para no alargarme mucho continuaré en próximas entradas.

¡Un saludo!

martes, 2 de abril de 2013

RECUPERANDO SENSACIONES EN SIERRA SALVADA

Tras largo tiempo inactivo, acudí junto a Jon a uno de nuestros "templos naturales": Sierra Salvada. Tenía muchas ganas de pisar monte después de tanto tiempo y la meteorología parecía acompañar a primeras horas de la mañana, aunque luego la lluvia torcería un poco nuestros planes.

Paisaje en la subida al Txarlazo.
En el primer piso de la subida, el quejigal, los mosquiteros ibéricos nos dieron la bienvenida acompañados por los trinos de petirrojos y mirlos comunes. También observamos las acrobacias de un pequeño grupo de golondrinas comunes, las primeras para nosotros.
El suelo del bosque estaba plagado por la flor de la Anemone hepatica (antes Hepatica nobilis), con sus colores violetas. Los Heléboros verdes Helleborus viridis, también abundaban tanto en el primer piso como en el resto de la subida.
A medida que fuimos ascendiendo, las hayas iban dominando poco a poco el paisaje, y pudimos disfrutar de una pareja de confiados trepadores azules Sitta europaea mientras escuchábamos el reclamo característico de un halcón peregrino en el roquedo que tan cerca teníamos. Poco después lo avistaríamos fugazmente.

Trepador azul Sitta europaea.

Un pajarillo que alegra cualquier salida, a pesar de ser habitual.
Un par de observaciones que nos devolvieron esa emoción tan especial que sentimos los observadores de naturaleza, tras tanto tiempo sin sentirla.
En el final del ascenso, los primeros buitres leonados y chovas piquirrojas se recortaban contra el nuboso cielo que presagiaba precipitaciones inminentes.

Chova piquirroja Pyrrhocorax pyrrhocorax.
El viento arreciaba, frío e intenso, pero las vistas eran espectaculares.

Orduña vista desde el Txarlazo.
Recargamos energías con algo de comida y nos internamos en la sierra. El día era muy desapacible, llovía a ratos y el viento ocultaba los cantos de las aves, pero continuamos con nuestra andadura a pesar de las inclemencias meteorológicas.
Más adelante, en las ramas de los espinos albares Crataegus monogyna y endrinos Prunus spinosa encontramos diversos líquenes, algunos indicadores de la calidad del aire como Evernia prunastri y Usnea sp.

Evernia prunastri, a la derecha podemos distinguir el liquen Physcia sp., de color grisáceo.

Usnea sp.
En la roca caliza, busqué y encontré mi liquen favorito Bagliettoa marmorea, antes Verrucaria marmorea.

Bagliettoa marmorea.
Debido a que eran escasos los avistamientos de aves en los matorrales decidimos internarnos en el hayedo.

Hayedo de Sierra Salvada.
La lluvia se intensificaba por momentos, pero nuestras ganas de observar la vida del bosque eran las mismas. Una bella flor típica de esta época del año apareció a nuestros pies como un pequeño regalo, el diente de perro Erythronium dens-canis.

Diente de perro Erythronium dens-canis rodeado de hayucos.
Otras bellezas como los hongos Stereum insignitum o los líquenes Ramalina farinacea hicieron acto de presencia.

Stereum insignitum rodeado del liquen Ramalina farinacea.

Ramalina farinacea en haya Fagus sylvatica.
Un pico picapinos Dendrocopos major se movía de rama en rama en el hayedo mientras nosotros tratábamos de guarecernos bajo un haya con el tronco lo suficientemente curvado como para evitar que nos mojásemos, ya que no esperábamos lluvia y no íbamos preparados para no calarnos hasta los huesos.
Permanecimos un rato hasta que las precipitaciones se suavizaron, entonces aprovechamos el momento para salir del hayedo y poner rumbo hacia la ruta de descenso.

En esta imagen podemos ver los diferentes hábitats de la sierra. En primer lugar, arbustos bañados por las amarillas flores de los narcisos flanqueando el hayedo y, al fondo, machas de pinos silvestres.
De nuevo en la zona de matorral, nos deleitamos con el colorido que proporcionaban los narcisos Narcissus minor al paisaje.

Narcissus minor.
De repente la lluvia cesó, y nos dimos cuenta de que estábamos rodeados por multitud de pajarillos, sobre todo alondras totovías Lullula arborea.

En esta época del año el canto de las totovías puede escucharse en cada rincón de la sierra.
Un ejemplar macho de collalba gris Oenanthe oenanthe cantaba en la lejanía mientras un par de zorzales charlos Turdus viscivorus entonaban su preciosa canción tan característica de este lugar.


Las tarabillas comunes revoloteaban entre los acebos y los carboneros garrapinos también se dejaban escuchar en los pinos silvestres Pinus sylvestris en los que eran ya, los últimos compases de nuestra aventura, poco fructífera por la lluvia y el viento.

Tarabilla común macho Saxicola rubicola sobre acebo Ilex aquifolium.
Iniciamos el descenso con pena, mojados y con el equipo protegido en nuestras mochilas. Aún así, dejamos el lugar con la sensación de haber recuperado lo que la falta de tiempo nos había quitado, y es que no aguantábamos más sin poder disfrutar del campo y de sus siempre espectaculares habitantes.

¡Hasta la próxima entrada!

martes, 15 de enero de 2013

LOS ESCRIBANOS PALUSTRES DE MI "LOCAL PATCH"

No son numerosos los ejemplares de esta especie de emberízido que aparecen por mi "local patch", tanto en paso como en invierno, pero aún así, anualmente puedo disfrutar en la intimidad de estos pájaros palustres. Acostumbrado a observarlos en carrizales no consigo acostumbrarme a su presencia en masas de pampas Cortaderia selloana, de cuyas semillas se alimentan en esta zona, debido a la falta de carrizales. Tan sólo ha sobrevivido una pequeña masa de carrizos alrededor de un pequeño arroyo, donde, curiosamente, nunca los he visto.
Además, siempre que hablo de este lugar, emplazado en los límites del valle de Txorierri con una ciudad como Bilbao prácticamente pegada a él, incido en su deterioro. Montañas de escombros, cemento, fábricas, carreteras, centros comerciales... Ni siquiera la presencia de una planta tremendamente invasora como la pampa ha resultado ser un impedimento para que 5 ó 6 escribanos se den cita allí cada paso migratorio o invierno. De hecho, se ha convertido en un alimento indispensable.

Ejemplar de escribano palustre (Emberiza schoeniclus) sobre pampa (Cortaderia selloana).
Como invernante sólo he llegado a contabilizar uno, y suele moverse tanto por praderas donde parece que los sauces cenicientos también contribuyen a su dieta, como por las citadas masas de pampas.
Uno de mis miedos, es que el deterioro vaya en aumento y llegué un día en el que estas pequeñas y maravillosas aves dejen de acudir a mi humilde rincón de pajareo. Esperemos que ese día nunca llegue.

¡Hasta la próxima entrada!

viernes, 11 de enero de 2013

MUERTO UNO DE LOS COLIMBOS CHICOS INVERNANTES EN EL ABRA

El día 26 de Diciembre, acudí a Las Arenas para iniciar mi paseo habitual por El Abra, con la ilusión de poder fotografiar mejor al colimbo chico observado días atrás en la zona.

Colimbo chico (Gavia stellata).
Pasado el puente colgante y justo antes de alcanzar el muelle de Churruca, únicamente había podido avistar un par de cormoranes grandes y varias gaviotas reidoras.

Gaviota reidora (Chroicocephalus ridibundus).
Aquello me hizo pensar que sería un mal día de pajareo ya que normalmente los zampullines cuellinegros ya se dejan ver incluso al principio de mi pequeña ruta.
Un pequeño grupo de 3 alcas despejó mis dudas y me dediqué a disfrutar de sus zambullidas, a pesar de la lejanía.

Alcas comunes (Alca torda).
Comencé a ver los primeros vuelvepiedras, incluso varios passeriformes como colirrojos tizones y lavanderas cascadeñas. Un precioso zampullín cuellinegro asomó junto al muelle, aunque bastante tímido, no me permitió lanzarle ni una fotografía debido a la distancia.

Zampullín cuellinegro (Podiceps nigricollis).
Llegué al extremo del corto muelle, y regresé por el lado opuesto, donde se encuentra la playa de Las Arenas. Al poco, avisté dos colimbo chicos y pasé bastante tiempo fotografiándoles, sobre todo, esperando a que se acercarán lo suficiente.

Colimbo chico / Ailota txiki

En ocasiones se acercaban mucho, buceando muy cerca del muro del muelle.
También pasaron por allí 2 charranes patinegros y sus espectaculares picados, algún zampullín cuellinegro, un enorme colimbo grande y varios alcas.

Alca común / Pottorro arrunta
Es curioso observar como se zambullen de manera sincronizada estos pequeños álcidos. Después de un puñado de fotos, aparece un petirrojo que parecía esperar a que le echase algo de comida.

Petirrojo (Erithacus rubecula).
Más allá de la playa de Las Arenas, me interné en un embarcadero para tratar de fotografiar alcas y zampullines. Sólo aparecieron los primeros, situándose en ocasiones muy cerca de mi posición.

Alca común / Razorbill

Alca común (Alca torda).
A lo lejos, un grupo de 16 alcas. Fijándome en una gaviota que se encontraba posada en una valla, descubrí que se trataba de una preciosa gaviota de Delaware adulta.

En El Abra tenemos la suerte de poder disfrutar de esta especie de gaviota casi anualmente.
Me deleite varios minutos más con su observación y dirigí mis pasos hacia la pequeña playa de La Bola. Cual fue mi sorpresa cuando al llegar al citado lugar me encuentro con la hembra de serreta mediana que, si bien inverna en El Abra, no se había dejado ver por mí hasta la fecha.

Serreta mediana (Mergus serrator) descansado en la playa de La Bola.
Serreta mediana / Red-breasted merganser
Serreta mediana (Mergus serrator).
Serreta mediana.
Ya en la siguiente parada de mi ruta, el muelle de Arriluce, pude observar varios vuelvepiedras, alcas y un grupo de 6 somormujos lavancos, alguno de ellos con el plumaje nupcial.

Siempre cercanos, los vuelvepiedras se dejan fotografiar a la perfección.

Vuelvepiedras (Arenaria interpres).
Vuelvepiedras común  / Harri-iraularia
Este año está siendo un buen año para la observación de alcas en El Abra.
Alca común (Alca torda).
Posteriormente, regresé al primer muelle donde me llevé la desagradable sorpresa que da título a la entrada. Seguí los pasos de uno de los colimbos chicos que buceaba pegado a la pared del muelle, pudiendo ver a través del agua todas sus evoluciones.

3 ejemplares de estos maravillosos álcidos, una de mis familias de aves favorita.
Colimbo chico (Gavia stellata).
En una de las zambullidas lo perdí durante varios minutos y decidí marcharme.

Una última imahen del pobre colimbo que acabó muerto en el muelle de Churruca.
Al irme observé como unos chavales de unos 12-13 años que se encontraban pescando tenían el cadáver del colimbo junto a ellos. No sólo mataron a un colimbo chico, si no que a un servidor le fastidiaron el día. Una pena que ocurran este tipo de cosas.

¡Hasta la próxima entrada!

viernes, 4 de enero de 2013

FULMAR BOREAL EN LAS ARENAS

En el día de ayer, Jon y yo nos acercamos a El Abra en busca de la gaviota de Bonaparte (Chroicocephalus philadelphia) que había sido observada en la zona, aunque nos acabaríamos llevando otra sorpresa.

Fulmar boreal (Fulmarus glacialis) observado en El Abra.
Lamiako era la primera parada obligada, donde tras inspeccionar cada una de las gaviotas reidoras (Chroicocephalus ridibundus) allí presentes (acompañadas de alguna cabecinegra y una sombría) no pudimos dar con ella.

También andaban por allí los andarríos chicos (Actitis hypoleucos).
Su identificación no es del todo sencilla. Si no se va en su busca es posible pasarla por alto y tomarla como una reidora más, sobre todo si la vemos a distancia y sin ninguna gaviota con la que comparar el tamaño, ya que es menor que su congénere.
En la dársena de Lamiako también había varios chorlitejos grandes y algunos vuelvepiedras. Además, dos alcas comunes se encontraban en esa parte de la ría pescando.

Alca común (Alca torda).
Avanzamos un poco más en dirección al puente colgante para continuar con la búsqueda de la citada gaviota. Nos fijamos cuidadosamente en cada lárido que pasaba volando, pero en todos los casos se trataba de gaviotas reidoras.

A parte de gaviotas también se dejó ver algún charrán patinegro (Thalasseus sandvicensis).
Pudimos ver 4 alcas más hasta llegar al muelle de Churruca, donde vimos a lo lejos un ave descansando.

Fulmar boreal / Fulmarra


Preciosa ave la cual sólo es posible ver en la costa después de temporales.

En mi primer vistazo a través del visor vi que podía tratarse de un fulmar boreal y nervioso coloqué el telescopio para confirmarlo.

Fulmar boreal / Northern fulmar
Se apreciar ver en el pico tubular para secretar el exceso de sal su afinidad genética con los paíños, pardelas y albatros.
Gracias a mi Kowa dusfrutamos al detalle de una maravillosa ave pelágica, el fulmar boreal, que cada vez se acercaba más al muelle pudiéndole hacer fotos más cercanas, aunque la escasa luz bajaba mucho la calidad de las mismas.

Como otras procellariiformes parte de su alimentación se basa en zooplancton.
Estuvimos largo rato observándola, pero eran casi las 5 de la tarde y aún no habíamos comido. Así que, no sin pena, pusimos rumbo a la playa de La Bola, nuestra última parada en busca de la gaviota de Bonaparte.


Por el camino numerosos zampullines cuellinegros (Podiceps nigricollis), pero uno de ellos, ya cercano a La Bola, me pareció un cuellirrojo (Podiceps auritus). Sólo le saque 4 fotos y debido a que la luz interna de mi cámara está estropeada no pude confirmar in situ si se trataba de dicha especie. Fue en casa donde confirmé la cita, aunque la imagen no la pondré aquí ya que es muy lejana. Lástima que no me dejará fotografiarle unas cuantas veces más.
Posteriormente, nos dirigimos a nuestras respectivas casas con hambre pero contentos por una tan buena jornada pajaril. Sin duda, seguiré intentando dar con la de Bonaparte, ya en solitario porque Jon regresa a León para seguir con sus estudios.

¡¡FELIZ 2013 A TODOS!!

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